miércoles, 13 de junio de 2012

Carta abierta al presidente Rajoy

rajoySeñor Rajoy:
Su labor como presidente del gobierno me ha decepcionado mucho. Y eso que, de entrada, no esperaba gran cosa de usted: por eso no le voté (como el 70 por ciento del electorado español). Pero como usted ganó las elecciones en buena ley, y según las actuales reglas del juego (algún día tendremos que cambiarlas para hacerlas más ajustadas a la realidad; pero ese es otro tema) es usted mi presidente, y yo así lo asumo, como usted. O eso dijo durante su discurso de investidura en el Congreso, ¿recuerda? Que iba a ser el presidente de todos los españoles, y no sólo de los que le habían votado. Yo creo que, visto lo visto, no está siendo presidente ni de esos. Pero no nos adelantemos.
Recuerdo que entonces pensé que podría haber sido peor: pues era usted un conservador moderado, nada fanático, ni corrupto (su partido sí, bastante; pero ese es otro tema, también), ni parecía llevar malas intenciones. No me creí sus promesas electorales; ya entonces supuse que incumpliría alguna que otra. Al fin y al cabo, todos los políticos dejan alguna por cumplir. Lo que no habría supuesto nunca es que las incumpliera absolutamente todas: prometió que no rescataría los bancos, y ya llevamos tres rescates; prometió que nunca habría amnistía fiscal, y amnistía fiscal ha habido, con barra libre para blanquear todo tipo de dinero negro; prometió que no subiría los impuestos, y los ha subido todos menos el de las grandes fortunas y el de las transacciones financieras (y a las propiedades de la Iglesia, siendo España el único país del mundo, incluyendo la muy católica Italia y la no menos católica Irlanda, donde la Iglesia no paga el Impuesto de Bienes Inmuebles por sus edificios no dedicados al culto); prometió que no congelaría las pensiones ni recortaría los subsidios, y congelados y recortados están; prometió que no tocaría la sanidad ni la educación públicas y que no introduciría el copago, y ha introducido el copago, recortado las prestaciones en sanidad pública, aumentado las tasas en las universidades, cortado subvenciones a colegios públicos, reducido becas y eliminado puestos docentes; prometió que no bajaría los sueldos ni liberalizaría el despido, y a los pocos días sacó una nueva ley de empleo que recorta los sueldos, reduce las garantías de los trabajadores y facilita enormemente el despido sin indemnización.
Si, al menos, todo eso hubiera servido para algo… pero no: la nueva ley de empleo, por ejemplo, que usted dijo que serviría para flexibilizar el mercado laboral y atajar la escalada del paro, tuvo como consecuencia un incremento sustancial del mismo, que nunca se ha recuperado; es más, sigue su ascensión imparable. Su propia ministra de empleo y seguridad social reconoció que “de momento” la ley no serviría para crear empleo, que éste se crearía “cuando las circunstancias fueran favorables”. O sea, que la ley no sirve para nada y lo del paro ya se solucionará solo. Entonces… ¿por qué la sacan?
Y no es el único caso: porque cada nueva medida que ha tomado su gobierno, supuestamente para atajar la crisis, ha ido inevitablemente seguida por una bajada de la bolsa y un incremento de la prima de riesgo (usted había prometido que la haría bajar); probablemente porque los mercados financieros y los inversores extranjeros no son tontos, y se dan cuenta de que usted no tiene ningún plan para atajar la crisis (usted aseguró que tenía uno), sino que va improvisando a la buena de Dios y según le dictan desde Berlín. Y en Berlín se preocupan de proteger los intereses de la banca alemana, no los de la economía española. Y los mercados financieros y los inversores extranjeros, como no son tontos, saben que así no va a solucionar nada, que con recortes a mansalva y sin inversión en crecimiento no va a solucionar nunca la crisis, sólo va a empeorarla. Si se lo ha dicho a usted hasta el presidente de los Estados Unidos, que tampoco es tonto. Por cierto que la opinión pública española (el pueblo, si no le molesta una definición tan filomarxista) tampoco es tonta, y se está dando cuenta de que con cada iniciativa de su gobierno las cosas empeoran más y más. Y no se traga la excusa, tan recurrente en usted, de que la economía que recibió en herencia su gobierno estaba muy mal. Lo sabemos, señor presidente, y lo sabíamos. Pero también sabemos que, desde que está usted al frente del gobierno, no sólo no ha habido ni el más mínimo signo de mejora, sino que las cosas han ido empeorando a mucha mayor velocidad. Como dijo el vicerrector de la facultad de Economía de la Universidad de Barcelona: creíamos que con Zapatero habíamos llegado al fondo, pero llegó Rajoy y se puso a escarbar.
Todo eso lo sabemos porque lo hemos visto y porque no somos tontos, y a pesar que determinada prensa de derechas, que usted usa como claca, se empeñe en hacernos comulgar con ruedas de molino y se invente (o, quizá, le inventen desde su partido) justificaciones a cuál más estrambótica. Sí, hablo de los medios del grupo Intereconomía, del diario El Mundo, del diario La Razón y del diario ABC. Por eso, jocosamente, los hemos apodado Interlobotomía, El Inmundo, la Sinrazón y el ABCdario (por lo pueril, este último). Y lo sabemos también a pesar de que usted no nos informe nunca de lo que su gobierno hace o deje de hacer, o cuando lo haga sea con subterfugios o diciendo justo lo contrario (prometió, en su discurso de investidura, decirnos “siempre la verdad, traiga el color que traiga”). 
Si su gobierno ha destacado por la cantidad de promesas que ha incumplido, y entre políticos ya es difícil destacar en eso, también ha destacado por la cantidad y variedad de eufemismos que utiliza, otra cosa en la que es sumamente difícil destacar entre políticos. Pero usted, o mejor dicho su gobierno (porque suele usted dejar la tarea de dar la cara a sus subalternos) lo ha conseguido: Así, han calificado los recortes en sanidad y pensiones como “recargos temporales de solidaridad”; la amnistía fiscal a los defraudadores de Hacienda, como “regularización de activos”; la subida del IVA, como un “cambio de ponderación”; la entrada en recesión, como “crecimiento económico negativo” (¿crecer negativamente es lo mismo que subir hacia abajo?); a la introducción del copago en la sanidad pública, como “tique moderador sanitario”; a la bajada de los sueldos, como “devaluación competitiva de los salarios”; y finalmente (por ahora) al rescate financiero, como “ayudas”, “línea de crédito” o “apoyo financiero”; así se refirió a la cosa su ministro de Guindos, para rechifla de la prensa internacional. Aunque el mejor eufemismo fue el que pronunció usted al día siguiente, en una comparecencia pública oficial: no nombró en ningún momento el rescate ni como tal, ni como ayuda, ni como línea de crédito, ni como nada: en todo momento lo llamó “lo de ayer”. Eso sí que es dominar el arte del eufemismo.
Detengámonos un momento en “lo de ayer”: Ni un día tardó la Comisión Europea en desmentir todas y cada una de las explicaciones que, primero su ministro, y luego usted (más adelante hablaremos de eso) nos dieron: ustedes dijeron que no era un rescate, ellos replicaron que el dinero salía de los fondos de rescate de la Unión y, por tanto, era un rescate con todas las de la ley; ustedes dijeron que el rescate iría directamente a la banca, y por tanto el estado español no tenía responsabilidad en la devolución del crédito, y ellos replicaron que el rescate se concedía al estado español, y que por tanto éste es el garante del crédito; ustedes dijeron que el rescate se ofrecía sin pedir contrapartidas, y ellos replicaron que ni en la peor de sus borracheras combinada con el mayor de sus colocones de marihuana le iban a dejar cien mil millones de euros a nadie sin exigir contrapartidas. Usted, usted mismo, dijo que nadie le había presionado para que pidiera el rescate, sino que por el contrario había sido usted el que había presionado para que se lo concedieran, y el mismísimo presidente de la Comisión Europea, Durâo Barroso, ha asegurado que le llamó insistentemente por teléfono hasta que consiguió convencerle de que pidiera el rescate. Bueno, lo de convencerle es una forma de decir. Digamos que le hizo una oferta que usted no pudo rechazar…
Y lo peor es que esta acción, como todas las que usted ha emprendido desde que es presidente del gobierno, sólo ha servido para empeorar las cosas: tras saberse lo del rescate,  las bolsas volvieron a bajar a mínimos históricos y la prima de riesgo volvió a subir hasta alcanzar un nuevo récord. Y por ahí arriba sigue. Y, según el Financial Times, los inversores están huyendo de España como huyen de un barco que se hunde las ratas y la gente que no tiene ganas de hacer el imbécil. Y es que, ya se lo he dicho, no son tontos, y saben que si no hay inversión en crecimiento, estos cien mil millones no van a servir de nada, salvo para que algún ejecutivo bancario pueda cobrar su millonaria indemnización en caso de renuncia al cargo.
Y luego están las formas, que no las cuida usted nada, y eso también decepciona en un señor que parecía tan bien educado. Usted nunca da explicaciones, a pesar de su promesa de decir, ¿recuerda? “siempre la verdad, traiga el color que traiga”. Usted es el presidente de gobierno que menos ruedas de prensa ha dado. Si es que se puede llamar rueda de prensa a una reunión donde usted se limita a leer un comunicado y están prohibidas las preguntas. Pero aún estas han sido inusualmente escasas. Como ya he dicho antes, suele usted dejar la tarea de dar la cara a sus subalternos. Aunque vistos los resultados casi mejor, porque cuando usted por fin se decide a dar una rueda de prensa de las de verdad, con preguntas, es peor, mucho peor. Como cuando nacionalizaron Bankia, ese banco controlado por conmilitones de su partido (a los que sistemáticamente se ha negado a pedir responsabilidades por el fiasco), insuflándole una cantidad de dinero público (o sea, nuestro) que triplicaba el chocolate del loro ahorrado con los recortes a la sanidad y la educación. No fue esta la peor crisis dentro de la crisis que ha sufrido España porque luego ha acaecido otra crisis peor (“lo de ayer”, ya sabe), pero por aquel entonces lo era. Y usted, sin dar ni una sola explicación de lo que estaban haciendo, por qué lo estaban haciendo y qué iban a hacer a continuación. Y para no variar, su actuación fue seguida por una espectacular bajada de la bolsa y un no menos espectacular incremento de la prima de riesgo de las narices. La cosa llegó a ser tan grave que unos días después, de repente y por sorpresa, dio usted una rueda de prensa improvisada para, supongo, lanzar un mensaje solemne que atajara la histeria, tanto la financiera como la otra. Pero la dio usted de la peor forma posible, desde la sede central del Partido Popular en la calle Génova. Señor Rajoy, le recuerdo que, antes que presidente del Partido Popular, es usted presidente del gobierno de todos los españoles. Como usted mismo ha reconocido. Y el presidente del gobierno de los españoles, cuando habla en calidad de tal, lo hace desde La Moncloa, que es la sede del presidente del gobierno de los españoles: no desde la calle Génova; desde ahí habla el portavoz del Partido Popular, que ahora me parece que es un tal Carlos Floriano, y me parece que fue usted mismo quien le puso en ese cargo.
Eso quedó feo, señor presidente. Muy feo. No creí que pudiera empeorarlo. Pues lo empeoró, con “lo de ayer”: o sea, con el rescate financiero a España, la crisis más grave que hemos pasado dentro de esta crisis, probablemente la segunda peor crisis a la que se ha enfrentado nuestra democracia, después del intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981. Y mientras esa grave crisis se producía, el encargado de explicarlo a la nación era el ministro Luis de Guindos, porque el presidente del gobierno, o sea usted, estaba en Polonia viendo el fútbol y haciéndose fotos con la Selección Nacional. Tan mal le pareció eso a todo el mundo, que usted se dignó a volver para dar una rueda de prensa en la que habló de “lo de ayer” y se volvió a Polonia a toda prisa para ver el partido contra Italia. Y eso pareció aún peor. También a los mercados y a los inversores, que, cómo no, reaccionaron haciendo bajar la bolsa española aún más y haciendo subir la prima de riesgo todavía más. España ya es el país comunitario con mayor prima de riesgo, por delante de la arruinada Grecia y todo. Gracias a usted.
Por todas esas cosas me ha decepcionado usted tanto, aún a pesar de que ya de entrada esperaba de usted tan poco. Yo ya me imaginaba que usted no nos sacaría de la crisis. Lo que no me imaginaba, porque no podía imaginar que alguien pudiera ser tan inútil, es que la fuera usted a empeorar tanto, Y tiemblo al pensar que, si en seis meses de gobierno nos ha hundido tanto, cuánto más nos hundirá en los tres años y medio que le quedan. Al menos tengo la seguridad de que más no va a estar, porque no me cabe ninguna duda de que, hundiéndonos a todos, se ha hundido a usted mismo sin remedio y para siempre.  Ha demostrado claramente que como como líder y gestor político es usted una completa y absoluta nulidad; sin duda, el peor presidente del gobierno que nunca hemos tenido. Y no porque sea usted un fanático, ni un corrupto, ni un malintencionado, sino porque es usted algo más peligroso y más dañino que si fuera todo eso a la vez.
Es usted un idiota.
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