sábado, 27 de julio de 2013

El Misterioso Doctor Mercado, Capítulo 5

drmercado5bisJaque al presidente

Nada más empezar la jornada y zas, la primera en la frente, pensó el presidente del gobierno. La primera fotocopia del dossier de prensa que su secretaria le dejaba todas las mañanas sobre la mesa del desayuno, junto con el café con leche, las porras aún calientes y el ejemplar del día del Marca—el único periódico, solía vanagloriarse, que leía de cabo a rabo y por gusto—reproducía la portada del diario El País, el que solía leer más a disgusto, y en ella se reproducían a su vez páginas de un libro de contabilidad con los asientos escritos del reconocible puño y letra de su amigo Bárcenas, mostrando varios cobros en negro y varios pagos en el mismo color a miembros de la cúpula del partido. Incluyéndole a él. De hecho, por los asientos se veía que él era el que más cobraba bajo la mesa. Cogió el teléfono para llamar a la secretaria general del partido.
—¿Has visto la portada de El País de hoy?—le espetó, sin siquiera saludar.

martes, 23 de julio de 2013

El Misterioso Doctor Mercado, capítulo 4

drmercado4

Los papeles de Bárcenas

El guardia de seguridad que le abrió la puerta abrió también, y mucho, los ojos al verle entrar. Pero esa fue toda su reacción.
—Buenos días, señor Bárcenas—dijo, respetuosamente.
—Buenos días—Respondió Damián, imitando la voz de Bárcenas. Y siguió su camino con paso firme, como si estuviera muy seguro de a dónde iba. Lo cual no era el caso, al menos no del todo. Había memorizado el plano de distribución de las plantas del edificio que El Hombre de Negro le había dejado en la memoria de la tableta, pero un plano no era exactamente lo mismo que la realidad tridimensional. Aunque sí, sin duda, la tercera puerta a la izquierda de aquel pasillo tenía que ser el despacho de Bárcenas. Del verdadero Bárcenas.

domingo, 21 de julio de 2013

Dónde encajamos a Dickens

capital spainLeer Capital, la última novela de John Lanchester, me ha hecho pensar en Dickens. Y pensar en Dickens me ha hecho recordar que el exquisito Enrique Vila-Matas se preguntaba no hace muchosi realmente puede saberse si un libro [por el contexto parece que con ‘libro’ quiera decir ‘novela’] es arte o sólo mercancía” y si “se puede explicar por qué Coetzee hace literatura y Dan Brown no”. Concluía diferenciando entre dos clases de escribientes: “el periodista (atolondrado superficial, despiadado)” y “el escritor (noble, profundo, con escrúpulos morales)”. Este angélico personaje que, según Vila-Matas, es el escritor “sabe que en una descripción bien hecha hay algo moral, la voluntad de decir lo que aún no ha sido dicho” mientras que el escritor de best-sellers (de pronto y sin previo aviso, Vila-Matas muta al periodista en ‘escritor de best-sellers’) “usa el lenguaje simplemente para obtener un efecto y aplica siempre la misma inmoral fórmula de camuflaje, de engaño al lector”. Vaya, pienso para mí, precisamente eso hacían Jules Verne, Alexandre Dumas padre, hijo y espíritu santo, Edgar Allan Poe (como prosista) Arthur Conan Doyle, Patricia Highsmith y Raymond Chandler. Y Charles Dickens. Especialmente, Charles Dickens. Y yo que pensaba que leía alta literatura.

sábado, 13 de julio de 2013

Tenebroso caleidoscopio argentino

camara-gesell2Principio 1: Cámara Gesell, de Guillermo Saccomanno, es, por decirlo desde la primera frase, no sólo una excelente novela, sino una novela extraordinaria; aún más, es una novela excepcional, una novela extraordinaria y excepcionalmente excelente, una novela extrema y muchas otras cosas que empiezan por ex. Es, incluso, una novela extraña. Extraña en el buen sentido. Extraña para estos tiempos de reinado de Dan Brown y Cincuenta sombras de Grey. Extraña por demasiado buena, sin olvidarse de ser popular. Y tener las narices de vender muchos ejemplares y agotar varias ediciones. Chúpate esta, Dan Brown.

martes, 9 de julio de 2013

El escritor cuadrumano

don-de-lenguas-9788415803065Salvo excepciones y salvo que lo suyo sean los guiones para el cine, los escritores no suelen trabajar en equipo. Las novelas escritas en colaboración son muy poco frecuentes. Quizá se deba a que el de escritor es un trabajo solitario, y eso los hace proclives al individualismo y a la hipertrofia del ego, y dos egos sobredimensionados ante la misma máquina de escribir tienden a no caber. Los guionistas escapan a esa tendencia porque una película es una obra colectiva, en la que el trabajo de escritura sólo es el primero de muchos en el proceso de elaboración, y usualmente el menos valorado (por Hollywood circula hace tiempo este chiste: era una actriz tan tonta, tan tonta, que para conseguir un papel en la película se acostó con el guionista) así que los guionistas, acostumbrados a trabajar en colaboración con o subordinados a productores y directores, también están acostumbrados a ser tratados como el último mono, por lo que sus egos suelen conservarse esbeltos y ligeros, y eso mejora notablemente su capacidad de trabajo en equipo.