viernes, 21 de febrero de 2020

Beigbeder es inmortal


Frédéric Beigbeder comparte mucho con Michel Houellebecq: la nacionalidad francesa, una relación amistosa (o eso dice Frédéric; Michel, que yo sepa, nunca se ha pronunciado al respecto) el tener un apellido impronunciable, el gusto por la autoficción y la condición de enfant terrible de las letras francesas contemporáneas.  Por cierto, tiene su guasa que te consideren un enfant terrible cuando ya hace mucho tiempo que has perdido la posibilidad de cumplir los cincuenta; a partir de cierta edad (esa) aún se puede ser terrible (con frecuencia, en el peor sentido del término), pero enfant, nanay. Te pongas como te pongas.

sábado, 1 de febrero de 2020

Yo quería ser Marcello Mastroianni


La primera vez que vi La dolce vita, al salir del cine me dije: “cuando sea mayor, quiero ser Marcello Mastroianni”. Bueno, en realidad no me dije “cuando sea mayor”, porque por aquel entonces —era 1976, o 1977; quizá 1978, y con Franco recién muerto había en los cines una avalancha de estrenos de películas largo tiempo prohibidas por la dictadura; entre ellas El gran dictador, Viridiana y La dolce vita—aunque era un niñato recién salido del cascarón, aún imberbe y con la mayoría de edad todavía por estrenar—entre otras cosas que también tenía sin estrenar— ya me consideraba un correoso adulto. Santa inocencia.

domingo, 26 de enero de 2020

Isaiah Berlin, sobre el nacionalismo


A veces… bueno, no,  casi siempre: ante la avalancha apabullante de la actualidad, es bueno apagar la tele, o cerrar el buscador de noticias de Google, o lo que sea que use uno para picarse actualidad en vena a chorro continuo, y permitirse un poco de tiempo muerto para dedicarlo a la reflexión, a tomar perspectiva, a observar el conjunto en vez de estar constantemente pendiente de los constantemente cambiantes detalles. Para eso va muy bien sentarse en un sofá cómodo, servirse una copa y leer con tranquilidad a alguno de los pensadores que haya dedicado tiempo, neuronas y tinta a reflexionar sobre el problema que de tan rabiosa actualidad se nos antoja. Descubriremos así que, en el fondo, no es tan de rabiosa actualidad, siempre ha estado ahí.

domingo, 19 de enero de 2020

Que te calles, zorra


Mary Beard (distinguida latinista, catedrática de Clásicas en Cambridge y miembro de la Academia Británica, entre otros títulos igualmente rimbombantes) es, sin duda, la persona viva que más sabe sobre la Roma clásica. Ha sabido transmitir estos conocimientos al público no especializado en documentales de la BBC y una serie de ensayos históricos de carácter divulgativo, altamente recomendables (El triunfo romano, Pompeya, La herencia viva de los clásicos, SPQR) en los que la profundidad no está, en absoluto, reñida con la amenidad. Pues Mary Beard escribe muy bien; tiene un estilo ágil, entretenido y, con frecuencia, sutilmente irónico, que le habrían envidiado tanto el mismo Ovidio como el mismísimo Plinio el Viejo. O su admirado Tácito.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Mujer en el espejo contemplando el desastre



         —Debería hacerme un retoque así—dijo María ante el espejo, mientras se estiraba la piel por detrás de las orejas, convirtiendo su rostro en una máscara tan tersa e inexpresiva como la de Michael Myers, el asesino de las películas de la saga Halloween.
—No, no deberías—dije yo. No me atraía nada la perspectiva de besar a Michael Myers en los labios de goma.
—Nada muy radical. Lo justo para hacer desaparecer las líneas nasogenianas y las patas de gallo.
—Pero a mí me gustan tus patas de gallo. Y tus líneas nasogenianas. Sea eso lo que coño sea.
María se giró para mirarme como si, de pronto, se hubiera dado cuenta, con cierto disgusto, de mi presencia en la habitación.

miércoles, 7 de agosto de 2019

La gaviota de hace un millón de años


La biblioteca tiene tres plantas. En la de arriba, las mesas con enchufes para los portátiles están situadas junto a un amplio ventanal desde el que se ve la plaza de Lesseps, con sus árboles y sus parterres, más allá de un muy extenso y sinuoso tejadillo de zinc del que el arquitecto-estrella que diseñó el edificio debe estar muy orgulloso, pero que, debido precisamente a su diseño, necesita ser limpiado por expertos en escalada suspendidos de cuerdas (y, en consecuencia, no se limpia nunca, porque bastante agobiada de presupuesto va la biblioteca con los gastos ordinarios como para, encima, tener que contratar expertos en escalada con ganas de limpiar mierda). En ese tejadillo ha instalado su cuartel general una gaviota tan grande como un perro carlino, cuya mirada expresa todo el mal carácter habitual en los malencarados depredadores de su especie.

sábado, 3 de agosto de 2019

Hitler en la biblioteca


Hoy, en la biblioteca, he ido a sentarme a la sección de biografías, sólo porque allí hay dos sofás muy cómodos, al lado de un ventanal. Al poco, en el de enfrente se ha sentado un tipo vestido con unos bermudas muy feos, una camiseta sin mangas también muy fea, el cráneo afeitado y una cara que no te gustaría encontrar en un callejón oscuro, ni en uno iluminado. En la comisura de la boca apretaba un cigarrillo de plástico, de esos que antes decían que servían para dejar de fumar, aunque más que nada servían para hacer el canelo. En uno de los brazos que emergían del pingajo de camiseta sin mangas se había hecho tatuar el símbolo taoísta del ying y el yang, pero resultaba evidente que aquel trabajo tan tosco no provenía de ningún salón de tatuajes; recordaba más a los que te hacen en la Legión, o en la cárcel.

sábado, 9 de febrero de 2019

Unos huesos, una rubia boba y un burro a caballo


Mi abuelo, uno de los dos, empezó la guerra como soldado de un ejército y la acabó como soldado del otro. Mi otro abuelo ni siquiera tomó las armas; cuando empezó la guerra era funcionario de la administración de justicia de la República, y cuando la acabó se encontró con que era funcionario de la administración de justicia del Glorioso Movimiento; así, sin moverse del despacho, y estampando los mismos formularios con los mismos sellos de goma.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Cuento de Navidad

Jossou estaba harto de malvivir trabajando como carpintero en su pequeño pueblo de las cercanías de Dakkar. Además, Mariama, su joven esposa, estaba embarazada.  A sus cincuenta años, Jossou iba a verse de nuevo responsable de la manutención de un niño pequeño.
Ya había pasado por eso, pero entonces era más joven. De los tres hijos que había tenido con su anterior esposa uno había muerto de cólera antes de cumplir veinte años; el otro vivía en la ciudad, y tenía su propia familia, de cuyo bienestar preocuparse. El tercero, una niña, no había sobrevivido al parto. Ni ella ni su madre. Poco era, pues, lo que retenía a Jossou. Tomó entonces una determinación, y aquella misma noche se la comunicó a Mariama.
—Iremos a Europa, a buscar trabajo. Un amigo me ha dado el nombre de un marroquí que puede hacernos pasar el Estrecho.

domingo, 7 de octubre de 2018

Banksy no es un provocador


Ya habrán visto el vídeo: en la prestigiosa casa de subastas Sotheby’s una obra de Banksy (“niña con globo”) alcanzó en la puja 1.400.000 dólares, pero en cuanto el subastador declamó el formulario “going, going, gone” (“se va, se va, se fue”, equivalente al mucho más anodino “a la una, a las dos, a las tres, adjudicado” que se usa en español) la pintura, en efecto, se fue: un destructor de documentos oculto en el marco la convirtió en confeti, ante el pasmo, la diversión y los teléfonos móviles inevitablemente enhiestos de la concurrencia. Otra provocación de Banksy, el artista gamberro, comentarán al día siguiente los medios, alborozados por poder publicar un titular (y un vídeo) tan clickbait.

domingo, 9 de septiembre de 2018

La Diada de la Marmota

de centro-derecha a extrema derecha: el President Mas, el President Puigdemont y el President Torra brindando con ratafia por la Diada y el referéndum.

Ya está aquí la Diada de nuevo. Y con ese motivo pensaba colgar en las redes una estrofa de La mala reputación, esa canción de Georges Brassens que tanto hace arrugar la nariz a nacionalistas, patriotas y otras gentes serias, formales y de bien: “En la fiesta nacional yo me quedo en la cama igual/que la música militar nunca me supo levantar/en el mundo pues no hay mayor pecado/ que el de no seguir al abanderado”. Pero no lo voy a hacer, porque ya lo hice el año pasado, y el anterior. Sí, me repito mucho. Más que el ajo, o la Diada. Porque hace como cuatro años que la Diada parece el día de la marmota. Coño, hace ya como cuatro años que parece que Cataluña entera viva en el día de la Marmota. 

viernes, 20 de octubre de 2017

El gallego y el gabacho

Las fotos de las cumbres internacionales de líderes políticos suelen parecer robadas, pero la mayoría son más posadas que las del catálogo de lencería de Victoria's Secret. Todos esos líderes con pinta de charlar casual y coleguilmente por los pasillos o los jardines... cuando la mayoría no dicen ni media sin su traductor oficial. Esta foto, por ejemplo: No me consta que Macron, además de inglés, hable español, pero más le vale, porque me consta que Rajoy es el único idioma que sabe, y cuando le oigo hablar del pueblo que elige al alcalde, o viceversa, o de su partido que está condenado pero no imputado, o de lo mucho españoles que son los españoles, me inclino a pensar que ni siquiera.