miércoles, 8 de abril de 2020

Llega la tormenta


Cabalgamos lentamente por la calle mayor. Al fondo, la iglesia era un amasijo de maderos ennegrecidos que aún humeaban. Algunos buitres picoteaban los cadáveres. Otros, quizá ya ahítos, nos sobrevolaban, trazando círculos en el aire. Todos los habitantes del pueblo estaban allí, ahora sólo cadáveres desmadejados y desperdigados, exangües, indiferentes a los picos curvos que hurgaban en su carne. A nuestro paso los buitres dejaban de picotear y levantaban la cabeza para mirarnos, sin mostrar ninguna intención de huir. Hasta que Bonnechance le arrancó la cabeza a uno de ellos, de un certero disparo de su Winchester. Los otros emprendieron el vuelo, y se unieron a los que volaban sobre nosotros en el cielo encapotado.

lunes, 6 de abril de 2020

Regreso a Transilvania



Observé que Lobo Gris llevaba, colgando del cuello de su appaloosa, un scalp de pelo largo, lacio y muy blanco. Podría ser la cabellera de un anciano indio, pero, dado que cuando el Padre Veracruz se fue a buscarlo llevaba consigo las cabezas de Albino Jim y Orlock y había vuelto sin ellas, habría apostado el poco dinero que tenía a que aquella era la cabellera de Albino Jim. Y, si Veracruz le había regalado al viejo chiricahua aquella cabellera, debía ser porque el viejo chiricahua tenía alguna deuda pendiente con Albino Jim. Y, a su vez, Veracruz tenía alguna deuda pendiente con el viejo chiricahua, que así resarcía. 

viernes, 3 de abril de 2020

Lobo Gris



—¿Cuántos habitantes tiene el pueblo ahora? Que aún respiren, quiero decir.
—Muy pocos. Los que vio en nuestro intento de linchamiento.
—No entiendo por qué seguís allí. Podríais haber marchado a cualquier otro sitio. Este es un gran país, hay espacio de sobra.

martes, 31 de marzo de 2020

Territorio apache


Cuando los primeros colonos llegaron a América, algo les vino siguiendo. Siempre pasa así, allá a donde viajan los hombres viajan sus miedos, sus monstruos y sus maldiciones. Agazapadas en los rincones más oscuros de las bodegas de los barcos en los que viajaban los inmigrantes, entre los baúles llenos de ropas y enseres, los esquejes de viñas y de naranjos cuyo destino era ser plantados en las nuevas tierras, y los animales de cría destinados a procrear los rebaños que las recorrerían, había cosas antiguas, astutas, siniestras y malévolas, para las que la nueva tierra también era una tierra de oportunidades.

lunes, 30 de marzo de 2020

Infierno de cobardes


Me asomé a una de las ventanas de la iglesia. El coyote tuerto de pelo rojizo rondaba alrededor del edificio. Se deslizaba entre las sombras, como un fantasma rojo. A veces veía su único ojo brillar en la oscuridad, como una llama verde.
—Anda, chico, siéntate y come algo—dijo el Padre Veracruz.
Había encontrado una escoba en la sacristía, había barrido y quitado las telarañas y se había sentado en uno de los bancos, a comer el pan, el queso y la carne seca que yo había traído. Me uní a él.
El hatillo con las cabezas de Albino Jim y Orlock estaba arrumbado en un rincón. Lo señalé con el dedo.
—¿Por qué se lleva las cabezas? ¿Son scalps?

viernes, 27 de marzo de 2020

Una iglesia es una iglesia


Entré en el saloon. Dimitrescu, detrás del mostrador, se llevaba las manos a la cabeza.
—¡Estamos todos muertos! ¡Nos ha matado a todos, Padre!—Y se santiguaba.
 Veracruz—A partir de ahora debería llamarlo el Padre Veracruz— le ignoraba. Había desenfundado un gran cuchillo Bowie, que hasta entonces había permanecido oculto bajo los faldones de su guardapolvo negro, y se aplicó a cortarle la cabeza al cadáver de Orlock.
—Hola, chico—dijo, sin mirarme.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Esta bala quema


—¿Whisky?—preguntó el señor Dimitrescu.
—No, agua—respondió Veracruz.
—¿Agua?
—Sí, agua. Una jarra y un vaso. Porque tienes agua ¿no?
—Sí, claro.
Dimitrescu puso un vaso y una jarra de cristal, llena de agua, delante de Veracruz. Éste tocó la jarra con dos dedos extendidos, como si quisiera comprobar su temperatura, hizo un movimiento que yo no pude ver donde yo atisbaba la escena, tras la puerta del saloon, y murmuró algo que no pude oír. Después se sirvió un vaso de agua, y bebió en silencio. Albino Jim, Betty la Roja y Orlock habían dejado de jugar a las cartas y le observaban, también en silencio. No intentarían atacarle aún, porque el sol aún no se había ocultado.

lunes, 23 de marzo de 2020

Le llamaban Veracruz


Yo estaba sentado a la puerta de mis caballerizas, las que heredé de mis padres, cuando llegó el forastero. Lo vi avanzar por la calle mayor, muy lentamente, con el caballo al paso y el sol declinante a la espalda. El caballo iba cabizbajo, señal de que estaba muy cansado. Era un mustang negro magnífico. El extranjero llegó a mi altura y se detuvo.
—¿Cómo se llama este pueblo, muchacho? —preguntó.

sábado, 21 de marzo de 2020

Diablos, en efecto




Le llamaban Albino Jim porque se llamaba Jim, y era albino. Su piel era blanca como la mierda de gallina. Sus ojos eran rojos como los de un conejo. Sus dientes eran amarillos como el maíz. Su pelo era aún más blanco que su piel, y le caía, largo y lacio, por la espalda. Con esa piel tan transparente, incluso cuando aún estaba vivo evitaba la luz del sol, y salía sólo al anochecer. Llevaba un sombrero negro, de ala muy ancha, con medallones de plata adornando la cinta. Siempre usaba levita negra de largos faldones, y guantes para proteger las manos del sol. Solía llevar camisas tan blancas como él mismo, y corbatines muy floreados. Y la leontina de un reloj cruzándole el chaleco, de bolsillo a bolsillo, Era muy dandi, Albino Jim.

viernes, 20 de marzo de 2020

Un pueblo llamado Transilvania, Texas


Si fuese el dueño del Infierno y de Texas,
alquilaría Texas y viviría en el Infierno.
General William T. Sherman (1820-1891)

Llamadme Ismael.
En el momento en que empieza la historia que voy a contaros yo tenía dieciséis años y vivía en Transilvania. Es un pueblo muy pequeño, en principio no muy diferente de tantos como hay desperdigados por las inmensas llanuras del gran Estado de Texas: apenas media docena de casas a lado y lado de la calle mayor, que empieza en la nada y acaba en la iglesia. La iglesia está abandonada; el predicador baptista que la levantó con sus propias manos, tablón a tablón, murió hace algún tiempo. O, mejor dicho, lo mataron. Supongo que en algún momento os tendré que explicar cómo. Pero no ahora.

jueves, 19 de marzo de 2020

El infierno y Texas

Yo no voy a dar acceso gratuito a ninguna novela mía para ayudar a sobrellevar este tiempo de confinamiento, como han hecho otros. En vez de eso voy a escribir una novela durante el encierro, y voy a ir colgando los capítulos aquí, en la red, día a día (o, mejor, cada dos días, para que me de tiempo a revisarlo, que esto lo estoy haciendo solo, no tengo editor ni nada, y qué bien me vendría uno para ayudarme en este embolado en el que me he metido yo solo). Será, pues, un folletín por entregas, y rabiosamente pulp: puro entretenimiento, que es lo que ahora hace falta. Será un cruce entre un spaguetti western y una película de vampiros de serie B. Esa es la idea de partida, pero no tengo idea de cómo voy a seguir con el argumento, eso lo improvisaré sobre la marcha; y, encima, no voy a poder reescribir los capítulos precedentes, porque ya estarán publicados. Pero ahí está la gracia. Empezaré mañana, día 21. El primer capítulo se titulará "Un pueblo llamado Transilvania, Texas".

lunes, 2 de marzo de 2020

¡Me cago en Godard!


Afirma Pedro Vallín, reputado crítico cinematográfico de La Vanguardia y autor del ensayo que se titula como este artículo, que si te crees intelectual y progre, no te sientas culpable por disfrutar como un enano viendo el último blockbuster de Hollywood. Porque el cine popular, el cine palomitero, el de Hollywood de toda la vida, es con frecuencia emancipador y vehicula ideas progresistas (sin pretender dar la brasa con ellas, lo cual es muy de agradecer), mientras que el cine de autor, sobre todo el europeo, suele tener un notable sesgo pequeñoburgués, autoindulgente y ensimismado. Y, encima, les encanta dar la brasa. Sí, Godard, estoy hablando de ti. Y de ti, Bergman, no mires para otro lado. Y qué decir de ti, Haneke, so cenizo. Y a ti, Lars Von Trier, que es que no hay quien te aguante. Señor, qué turra.