En su cabeza debía sonar espectacular. Un ciclo de debates sobre la guerra civil sin sesgos, desde una posición equidistante. Invitas a gente de ambos bandos y ambas tendencias, quedas bien con todo el mundo y atraes público de todas las tendencias. Buscas un título igualmente equidistante y quedabién: La guerra que todos perdimos. Todos, ya ves. Todos somos víctimas, todos sufrimos, nosotros también tenemos nuestro corazoncito, los ricos también lloran Tó er mundo é güeno. Y, para reforzar la idea, encargas un cartel con una maquetación igual de equidistante y quedabién: dos banderas exactamente iguales (sólo cambia el color de las franjas) cruzadas de forma simétrica. Y debajo, los nombres de los participantes, mezclados e indiferenciados: políticos con historiadores, izquierdas con derechas y extremas derechas, escritores con tertulianos. Así, como una lista de abajofirmantes ¿Qué puede salir mal?








