viernes, 27 de mayo de 2011

La plaza está limpia

Mister Proper, con el uniforme de limpieza puesto y el palo de la fregona en ristre.

El primer día que me pasé por la acampada de Plaza Cataluña fue el pasado viernes, 20 de mayo, poco antes de las nueve de la mañana.  Y al entrar lo primero que vi fue a un chico barriendo la plaza. Un chico joven, de eso que se ha venido en llamar convencionalmente “estética okupa”, con sus rastas, su camisa de cuadros, sus pantalones pitillo y sus Doc Martins, dándole a la pala y al recogedor, por entre los bultos de la gente dormida aún dentro de sus sacos. Siempre llevo un bloc de notas encima, pero nunca una cámara fotográfica. En aquel momento lamenté no llevar una; me hubiera gustado hacerle una foto.  Ahora que la policía ha desalojado la plaza con la excusa de que hay que limpiarla, lo lamento aún más.
Un paseo de reconocimiento por la acampada me confirmó que el chaval de las rastas barriendo no era una figura anecdótica, que la organización de la acampada sin duda disponía de servicio de limpieza (por qué no, si ya disponían de servicio de información, de atención sanitaria y de comedor) y yo me acababa de encontrar con uno de sus miembros,  porque todo estaba muy limpio: por el suelo no se veía ni una colilla ni un papel ni un vaso de plástico, y de ningún parterre surgía ningún olor a orina o a cerveza rancia. Y eso era más bien insólito en Plaza de Cataluña a aquellas horas de la mañana. No ya los fines de semana o cuando gana el Barça (que entonces, a menos que el servicio municipal de limpieza haya madrugado y venido con refuerzos, el suelo abunda en colillas, papeles  y vasos de plástico flotando en charcos de sospechoso olor) sino, incluso, las mañanas de los días de cada día.
Hoy ha venido la policía (los grupos antidisturbios de los Mossos d’Esquadra, no la policía municipal, lo cual me parece significativo) desalojar la plaza. Al grito de “Operativo de limpieza”, han echado a todo el mundo y desmantelado todas las instalaciones, por “motivos de salubridad”. Bueno, pues la plaza ya está limpia. ¿De qué? Porque de basuras ya lo estaba antes.
Los Mossos d’Esquadra dependen de la consellería de Interior, que rige el convergente Felip Puig. El cual había expresado su preocupación porque la acampada de los indignados iba a coincidir este mismo fin de semana con una posible celebración de la posible victoria del Barça en la final de la Champions. Puig también declaró que no iba a optar por el desalojo. Y, por supuesto, lo de hoy no ha sido un desalojo, como no se cansan de señalar los portavoces de los Mossos d’Esquadra, es un vete de aquí mientras paso la fregona. Un problema de limpieza urbana, que como tal sería competencia exclusivamente municipal, pero que maneja la policía autonómica dependiente de la conselleria que rige el Señor Puig.
Misión cumplida, en todo caso. La plaza estará limpita y reluciente en caso de que la culerada quiera venir a mearse en sus parterres, romper botellas sobre el césped y vomitar sobre las estatuas neoclásicas, celebrando así la copa de la Champions, ensuciando  la plaza en una sola noche mucho más que los acampados en las dos semanas que llevan allí. Quizá, llevados por la euforia del gran momento, hasta rompan alguna farola. Son incidentes fruto de esa rauxa tan nostrada que Felip Puig comprende perfectamente. Al fin y al cabo, se trata de algo muy, muy importante, trascendental y esencial para la ciudadanía catalana: una victoria del Barça. No como la petición de mayores niveles de democracia, justicia social y justicia económica de los acampados. Eso es peccatta minuta
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