viernes, 28 de diciembre de 2012

Canta, Willy, canta

Willy Uribe, foto de Elisenda Pons
Willy Uribe, en plena huelga de hambre, en Barcelona (foto: Elisenda Pons)
Voy siguiendo la peripecia de Willy Uribe, el escritor que se ha declarado en huelga de hambre para que concedan el indulto a David Reboredo, desde que la inició, el 11 de diciembre de este año. La sigo a través de las noticias que me llegan por Facebook y por el blog del mismo Uribe, porque la prensa española viene guardando un pasmoso silencio sobre la tal huelga de hambre: basta ver qué resultado arroja una búsqueda de noticias sobre el tema: poco más de 900 entradas, casi todas provenientes de El Periódico de Catalunya, algunas de La Voz de Galiciaserá por aquello del interés local, ya que Reboredo es gallego y unas pocas de El Mundo. Así que, como lo más probable es que tú que me estás leyendo te estés preguntando de qué coño va esta movida, te la resumiré en un par de párrafos:

David Reboredo es un ciudadano vigués, antigua joven, y malograda, promesa del balonmano, que hace algo más de diez años tuvo un par de encontronazos con la policía por su adicción a la heroína. En 2006 le detuvieron en posesión de una papelina de dicha droga, lo que le valió una acusación por tráfico; en 2009 volvió a ser detenido por los mismos cargos, encontrándosele otra papelina encima. Parece ser que Reboredo, efectivamente, como muchos adictos, volvía a cortar parte de la droga que compraba y la revendía para financiarse la adicción. Entre las dos papelinas, la cantidad que se le encontró encima no llegaba a medio gramo: se queda en los 400 miligramos, para ser exactos.
Tras la última detención, Reboredo acometió su último, y por ahora parece que definitivo, intento por librarse de su adicción. Se desintoxicó, volvió a la vida digamos normal —si normal es la vida que llevamos en estos tiempos tan anormales, por no decir subnormales—, y ya hace algún tiempo que trabaja en un centro gallego de ayuda a los drogodependientes. Pero ahora, trece años después, el tribunal ha dictado por fin sentencia por el caso de aquellas dos papelinas, condenándole a ingresar en prisión. Ya está allí, en el penal pontevedrés de A Lama, cumpliendo una pena privativa de libertad que contraviene la letra y el espíritu de la Constitución Española, cuyo artículo 25, 2, dice que “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”. Con la Constitución en la mano, a David Reboredo ya no le corresponde una pena privativa de libertad, porque hace años que viene demostrando estar sobradamente reinsertado en la sociedad. Por todo lo cual solicitó el indulto al gobierno, que se lo ha negado ya dos veces. Y no es que los gobiernos españoles ejerzan la prerrogativa de gracia (que proviene de una ley de 18 de junio de 1870, por tanto no sólo preconstitucional sino, casi, hasta prehistórica) con cicatería: Desde el socialista de Felipe González hasta el conservador de Mariano Rajoy, pasando por el también conservador de José María Aznar y el también socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, los sucesivos gobiernos españoles han venido concediendo indultos a un promedio aproximado de entre 400 y 500 al año: 468 se concedieron sólo en 2012. La inmensa mayoría de los indultados son políticos condenados por casos de corrupción, prevaricación o malversación de fondos; les siguen en número las personalidades de la banca, los negocios o las finanzas condenados por casos de fraude fiscal. Tres de los casos más recientes, y más controvertidos, de indulto fueron el que concedió el gobierno de Rodríguez Zapatero, cuando ya estaba en funciones, al alto cargo del Banco de Santander Alfredo Sáenz, condenado por estafa, y los indultos concedidos por el gobierno de Mariano Rajoy a, respectivamente, los militares condenados por el accidente del Yak-42 y los policías del cuerpo de los Mossos d’Esquadra condenados por torturas a un detenido por error. A éstos, por cierto, los ha indultado dos veces, las mismas que le ha denegado el indulto a Reboredo.
Y es en este momento cuando entra en escena Willy Uribe, novelista vasco aficionado al surf, que ni conoce a Reboredo ni le ha visto nunca en su vida. Pero decidió declararse en huelga de hambre indefinida para pedir tres cosas: que el gobierno actual conceda el indulto a David Reboredo, que dé una explicación pública de por qué se indultó a los cuatro policías catalanes imputados por torturas, y que el anterior gobierno, el de Rodríguez Zapatero, de asimismo una explicación pública de por qué indultó al antes mencionado banquero Alfredo Sáenz.
Me sorprende mucho que esta historia no haya tenido un tratamiento algo más extenso y algo más lucido en los medios de comunicación. Tiene lo que en periodismo se llama eufemísticamente “interés humano” (o sea, cierto ángulo fácilmente explotable desde el sensacionalismo sensiblero, que siempre vende muchos periódicos) y un trasfondo que permite mostrar algunos de los grandes problemas de actualidad, sobre los que la población está muy sensibilizada (y por lo tanto, cualquier alusión a ellos hace vender periódicos): la corrupción política y la sangrante injusticia de algunos aspectos de nuestro sistema legal. Interés humano, relevancia… sólo le falta algún personaje público famoso para que sea una noticia redonda; y se queda a poco de tenerlo (Willy Uribe, en cuanto que escritor, es un personaje público, aunque no demasiado conocido). En cambio ya ven, novecientas míseras entradas en Google. Cuando un pescadero paquistaní que trabaja en un mercado de Londres, Muhammad Sahid Nazir, sólo por ofrecer su pescado cantando ha cosechado más de 2.700 entradas de noticias en Google, varios vídeos, contratos publicitarios, una mención en portada de la edición digital de EL PAÍS y una entrada propia en Wikipedia (Willy Uribe, por cierto, no tiene entrada en Wikipedia). A tenor del distinto tratamiento por parte de la prensa, tal parece que la cantinela que un pescadero se ha inventado para vender su pescado es una noticia mucho más trascendental que la huelga de hambre que un ciudadano emprende para protestar contra una legislación injusta.
Y ahora llega el último párrafo, el de las conclusiones. Son tres, así que el último párrafo será, en realidad, tres párrafos.
La primera, y más evidente, es que en este país tenemos una prensa de mierda. Y, además, por la misma razón por la que tenemos un gobierno de mierda y una clase política de mierda: porque el español es un pueblo de mierda que tiene el gobierno, la clase política y la prensa que se merece. Y se los merece porque permite que su gobierno, su clase política y su prensa sean como son, sin hacer nada por cambiarlos. Y le presta más atención a noticias que contienen un pescadero cantando que a noticias que contengan a un escritor en huelga de hambre por una injusticia.
Segunda conclusión: las acciones individuales y puntuales, como la que ha emprendido Willy Uribe, son muy loables, pero a la postre bastante inútiles, entre otras cosas porque pronto se pierden y olvidan en la marea incesante de noticias banales y algo menos banales con que los medios de comunicación en general, e Internet en particular, nos mantiene aturdidos. Para arreglar las cosas, para arreglarlas de verdad, necesitamos lo que no tenemos: acciones colectivas con estrategias a medio y largo plazo. Porque aunque la huelga de hambre de Willy Uribe hubiera sido noticia, en la facultad de periodismo nos enseñan que las noticias de hoy sirven para envolver el pescado mañana. Quizá, por un pescadero paquistaní que canta.
Tercera conclusión: si de verdad quieres llamar la atención del público y los medios, no emprendas acciones tan serias y trascendentes como, por ejemplo, una huelga de hambre. Mejor invéntate una cancioncilla simplona, repetitiva y de ritmo pegajoso. El éxito estará más que asegurado. Así que canta, Willy, canta.
reboredo-2
David Reboredo.



Addena a 01 de enero de 2013:
Willy Uribe ha dado por finalizada su huelga de hambre. Es una decisión inteligente: estaba pasando el ecuador tras el que su salud se habría quedado dañada de forma irreversible, y no es sólo que se arriesgara a morir, es que se arriesgaba a morir ante la indiferencia casi absoluta de los medios de comunicación y los políticos de este país. Por otra parte, el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, ha prometido públicamente revisar la solicitud de indulto de David Reboredo. Algo es algo.
Un gran abrazo para Willy.







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