Esta segunda novela se apoda Caracas blanca, y su gran protagonista sigue siendo la ciudad, esta vez en su faceta de punto caliente en
el tráfico de cocaína; Dávila también aparece, pero le cede protagonismo a
alguien más adecuado al tema, un periodista español cocainómano. La tercera
novela, aún por escribir, todavía no tiene título, pero sí apodo: será Caracas
negra, y en ella supongo que seguirá apareciendo Enrique Dávila, y al
parecer versará sobre la Caracas de los negocios (sucios) relacionados con el
petróleo. El autor ha titulado su trilogía Caracas en colores, creo que no
hace falta explicar por qué. Son tres novelas independientes que, juntas,
componen un vigoroso, apasionante y altamente recomendable retrato literario de
la capital de Venezuela, y de la misma Venezuela. Pero no, no las busques en
ninguna librería, a menos que estés en Francia y sepas leer el francés, porque,
aunque ambas novelas hayan sido escritas por un caraqueño de origen y
originariamente en español, siguen inéditas en nuestro idioma. Las ha
publicado, en francés, una editorial francesa (Editions Intervalles), con los
títulos respectivos de Les poissons de Caracas y Coco Express.
Soy de los pocos que han podido leer ambas novelas en el
idioma en que fueron concebidas, gracias a mi amistad con su autor. Conocí a Vicente allá por el año 2007, cuando
ambos éramos dos relativamente jóvenes (él más) aspirantes a escritor, y
colaborábamos en El Nuevo Cojo,
una revista en español que se publicaba en Nueva York. Él escribía desde París,
en donde residía porque allí cursaba su doctorado, y yo escribía desde
Barcelona, en donde residía porque… bueno, porque aquí he residido casi toda mi
vida. En él encontré, además de a un buen amigo (y eso que las amistades entre
escritores son poco recomendables; solemos tener demasiado sobrealimentado el
ego) y a alguien con similares gustos en literatura, música, cine y cómics, a un escritor con un notable talento para la
narración, para la composición de personajes (sus licenciaturas en psicología
clínica y psicología social algo le habrán ayudado en eso) y, lo que más me
llamó la atención, un excelente oído para los distintos registros coloquiales del
idioma, así como un asombroso talento para reflejarlos. También se caracteriza
por ser un autor muy preocupado por los vínculos entre el lenguaje y las imágenes,
y por la capacidad del escritor de manipular las palabras para crear ideas y
cuadros que, de otra manera, no existirían en la cabeza del lector (Su
doctorado sobre el Tractatus de Ludwig Wittgenstein algo le habrá
ayudado a eso).
—Cuando le conocí, Vicente había publicado en su país de
origen Caracas Cruzada, una seria aspirante a Gran Novela Caraqueña, en
la que, a través de las peripecias entretejidas durante una misma jornada de
tres personajes de distinta extracción social, cada uno expresándose en su
idiolecto, retrataba esa ciudad que no sé si ama u odia, o —va a ser lo más
probable— ambas cosas a la vez. Después publicó, en una pequeña editorial
española, Historias de un arrabal parisino, sobre sus primeros años en
París; una novela que es algo así como si París era una fiesta la
hubiera escrito Hemingway… de haber sido un estudiante latinoamericano, y de
haber tenido más sentido del humor. Luego vino Yo maté a Simón Bolívar,
otra seria aspirante a Gran Novela Caraqueña, con más éxito de crítica que de
ventas, pero que le valió convertirse en el intelectual venezolano de
referencia en la televisión pública francesa, donde se quedó tras doctorarse, donde
se casó, donde está criando a sus hijos y donde ha acabado por nacionalizarse. Siempre
le convocan en TF1 cuando hay algún debate sobre el país centroamericano. Sí,
cuando a Trump se le ocurrió invadirlo, Vicente aparecía en los coloquios de
TF1 más que Pedro Pascal en los blockbusters de Hollywood. Creo que en
esas sigue.
Y llegamos a Los peces del Guaire, o Les poissons
de Caracas, la primera novela de esta
trilogía de la que ahora se publica la segunda; ambas son las más serias
aspirantes a Gran Novela Caraqueña de todos los intentos (todos muy notables) que
ha hecho Vicente por merecer ese título. El manuscrito original, en español
original, estuvo paseándose por casi todas las editoriales españolas grandes y
medianas (y unas cuantas pequeñas) sin cosechar más que rechazos o silencios;
lo que dice mucho, y nada bueno, sobre el mundo editorial español. Finalmente,
su autor se hartó, la tradujo él mismo al francés y, allez hop, en
seguida consiguió un editor (Intervalles, je l'ai déjà dit) y, tras su
publicación, el respaldo —y el respeto— unánime de la crítica literaria gala. Respaldo—y respeto— que ahora, sin duda,
revalidará esta Coco Express que, como su precedente, fue escrita
originariamente en español, y va a ser publicada en francés, gracias a la
miopía del mundo editorial hispano. Yo no tengo ninguna duda de que ambas
obras, y la que vendrá, son un jalón en la literatura actual en español: la
gran novela sobre la Caracas actual, y sobre la Venezuela actual. Quedo a la
espera de poder leer algún día la tercera obra de la trilogía, Caracas negra.
Y de que, algún día también, todas ellas se publiquen en el idioma en el que
fueron escritas. Mientras tanto, Francia le dará el crédito que su comunidad
lingüística le escatima. Ya se lo está dando.









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