domingo, 14 de junio de 2026

La gran novela de Caracas son tres

 


Acaba de aparecer en las librerías Perico Exprés, segunda novela de la trilogía caraqueña (la primera fue Los peces del Guaire, y la tercera está por escribir aún) de Vicente Ulive-Schnell. La primera, apodada Caracas roja, era un noir muy hammettiano protagonizada por un policía muy chandleriano llamado Enrique Dávila. Pero la verdadera protagonista era Caracas, una ciudad heteróclita, confusa, decadente y, es inevitable, fascinante; y el tema de fondo, los entramados criminales de la corrupción política venezolana.

Esta segunda novela se apoda Caracas blanca, y su gran protagonista sigue siendo la ciudad, esta vez en su faceta de punto caliente en el tráfico de cocaína; Dávila también aparece, pero le cede protagonismo a alguien más adecuado al tema, un periodista español cocainómano. La tercera novela, aún por escribir, todavía no tiene título, pero sí apodo: será Caracas negra, y en ella supongo que seguirá apareciendo Enrique Dávila, y al parecer versará sobre la Caracas de los negocios (sucios) relacionados con el petróleo. El autor ha titulado su trilogía Caracas en colores, creo que no hace falta explicar por qué. Son tres novelas independientes que, juntas, componen un vigoroso, apasionante y altamente recomendable retrato literario de la capital de Venezuela, y de la misma Venezuela. Pero no, no las busques en ninguna librería, a menos que estés en Francia y sepas leer el francés, porque, aunque ambas novelas hayan sido escritas por un caraqueño de origen y originariamente en español, siguen inéditas en nuestro idioma. Las ha publicado, en francés, una editorial francesa (Editions Intervalles), con los títulos respectivos de Les poissons de Caracas y Coco Express. 

Soy de los pocos que han podido leer ambas novelas en el idioma en que fueron concebidas, gracias a mi amistad con su autor.  Conocí a Vicente allá por el año 2007, cuando ambos éramos dos relativamente jóvenes (él más) aspirantes a escritor, y colaborábamos en El Nuevo Cojo, una revista en español que se publicaba en Nueva York. Él escribía desde París, en donde residía porque allí cursaba su doctorado, y yo escribía desde Barcelona, en donde residía porque… bueno, porque aquí he residido casi toda mi vida. En él encontré, además de a un buen amigo (y eso que las amistades entre escritores son poco recomendables; solemos tener demasiado sobrealimentado el ego) y a alguien con similares gustos en literatura, música, cine y cómics,  a un escritor con un notable talento para la narración, para la composición de personajes (sus licenciaturas en psicología clínica y psicología social algo le habrán ayudado en eso) y, lo que más me llamó la atención, un excelente oído para los distintos registros coloquiales del idioma, así como un asombroso talento para reflejarlos. También se caracteriza por ser un autor muy preocupado por los vínculos entre el lenguaje y las imágenes, y por la capacidad del escritor de manipular las palabras para crear ideas y cuadros que, de otra manera, no existirían en la cabeza del lector (Su doctorado sobre el Tractatus de Ludwig Wittgenstein algo le habrá ayudado a eso).

—Cuando le conocí, Vicente había publicado en su país de origen Caracas Cruzada, una seria aspirante a Gran Novela Caraqueña, en la que, a través de las peripecias entretejidas durante una misma jornada de tres personajes de distinta extracción social, cada uno expresándose en su idiolecto, retrataba esa ciudad que no sé si ama u odia, o —va a ser lo más probable— ambas cosas a la vez. Después publicó, en una pequeña editorial española, Historias de un arrabal parisino, sobre sus primeros años en París; una novela que es algo así como si París era una fiesta la hubiera escrito Hemingway… de haber sido un estudiante latinoamericano, y de haber tenido más sentido del humor. Luego vino Yo maté a Simón Bolívar, otra seria aspirante a Gran Novela Caraqueña, con más éxito de crítica que de ventas, pero que le valió convertirse en el intelectual venezolano de referencia en la televisión pública francesa, donde se quedó tras doctorarse, donde se casó, donde está criando a sus hijos y donde ha acabado por nacionalizarse. Siempre le convocan en TF1 cuando hay algún debate sobre el país centroamericano. Sí, cuando a Trump se le ocurrió invadirlo, Vicente aparecía en los coloquios de TF1 más que Pedro Pascal en los blockbusters de Hollywood. Creo que en esas sigue.

Y llegamos a Los peces del Guaire, o Les poissons de Caracas, la primera  novela de esta trilogía de la que ahora se publica la segunda; ambas son las más serias aspirantes a Gran Novela Caraqueña de todos los intentos (todos muy notables) que ha hecho Vicente por merecer ese título. El manuscrito original, en español original, estuvo paseándose por casi todas las editoriales españolas grandes y medianas (y unas cuantas pequeñas) sin cosechar más que rechazos o silencios; lo que dice mucho, y nada bueno, sobre el mundo editorial español. Finalmente, su autor se hartó, la tradujo él mismo al francés y, allez hop, en seguida consiguió un editor (Intervalles, je l'ai déjà dit) y, tras su publicación, el respaldo —y el respeto— unánime de la crítica literaria gala.  Respaldo—y respeto— que ahora, sin duda, revalidará esta Coco Express que, como su precedente, fue escrita originariamente en español, y va a ser publicada en francés, gracias a la miopía del mundo editorial hispano. Yo no tengo ninguna duda de que ambas obras, y la que vendrá, son un jalón en la literatura actual en español: la gran novela sobre la Caracas actual, y sobre la Venezuela actual. Quedo a la espera de poder leer algún día la tercera obra de la trilogía, Caracas negra. Y de que, algún día también, todas ellas se publiquen en el idioma en el que fueron escritas. Mientras tanto, Francia le dará el crédito que su comunidad lingüística le escatima. Ya se lo está dando.

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