jueves, 23 de septiembre de 2010

Toros no, correbous tampoco

Pregunta: ¿quién tiene más cara de bestia en la foto? Respuesta: el de los cuernos, no.
El pasado julio, con la prohibición, por expresas razones éticas, de esa concreción del maltrato a un animal como forma de espectáculo público que son las corridas de toros, los parlamentarios catalanes estuvieron a punto de convertir a Cataluña en la vanguardia ética de España. Ayer, con la aprobación de esa otra concreción del maltrato a un animal como forma de espectáculo público que son los correbous de Les Terres de L’Ebre, los parlamentarios catalanes volvieron a demostrar lo cantamañanas que pueden llegar a ser. Sobre todo y muy especialmente, los de los partidos nacionalistas.

Tras la prohibición de las corridas, los protaurinos de ambos lados de la Franja de Ponent (frontera simbólica entre Cataluña y el resto de España) se pusieron a machacar con la cantinela de que tal toma de posición ética y estética ocultaba en realidad una  afirmación identitaria nacionalista y antiespañola. Cantinela mil veces rebatida, pues las corridas de toros son, en realidad, algo tan tradicionalmente catalán como español, y los promotores de la propuesta no eran de ningún grupo nacionalista, sino de una protectora de animales... presidida por un argentino.
Con la legalización de los correbous, los de la cantinela se ven confirmados en sus argumentos, y la Cataluña que pudo ser vanguardia ética de España se ve sumida en el más sonrojante de los ridículos, gracias a sus representantes políticos.
Los parlamentarios del Partido Popular, que habían votado en contra de prohibir las corridas, han votado a favor de legalizar los correbous. Ellos, al menos, han sido consecuentes. También los ecosocialistas de Iniciativa-Els Verds/Esquerra Unida, que votaron no a los correbous como antes habían votado no a las corridas. El PSC salvó la cara dejando libertad de voto, como hiciera en la votación para prohibir las corridas de toros; los que no la salvaron fueron la mayoría de sus parlamentarios, que esta vez votaron a favor de los correbous y antes en contra de las corridas. Con las muy honrosas excepciones de los diputados Josep María Balcells y Núria Carreras, que tuvieron suficiente vergüenza torera (valga la expresión en este contexto) como para votar en contra de la mayoría de sus compañeros. Y las algo menos honrosas excepciones de los también socialistas Joan Ferràn y Rosa María Ferrer, que por lo menos se abstuvieron, para no hacer el ridículo.
Los que sí han hecho el ridículo, y a conciencia, han sido los diputados nacionalistas de Convergència i Unió y Esquerra Republicana, que se han tragado su supuesto antitaurinismo (que nunca fue muy sólido, en realidad; sólo oportunismo por hacerse publicidad arrimándose a un debate público que, en realidad, les traía al pairo) y han votado en bloque y conminados por la disciplina de partido (ni uno solo de ellos ha tenido la vergüenza torera de romper esa disciplina) a favor de legalizar los correbous. Y no por ninguna razón identitaria, como dicen algunos, sino por no perder votos en Les Terres de l’Ebre. Queridos nacionalistas, habéis demostrado claramente, por si quedaba alguna duda, que sois un hatajo de hipócritas y que por un plato de lentejas venderíais a vuestra madre, o a esa patria que se os llena tanto la boca diciendo lo mucho que la queréis.



Lo de queridos no os lo toméis en serio, naturalmente. 
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