jueves, 23 de febrero de 2012

La crisis, según los hermanos Marx

Marx_BrothersEL REPARTO:
EL GOBIERNO: Groucho Marx.
EL BANCO: Chico Marx.
EL PUEBLO: Harpo Marx.
ANGELA (LA PRIMA DE RIESGO): Margaret Dumont.
Se abre el telón. Aparece Groucho Marx, en el papel de EL GOBIERNO, sentado ante una mesa con papeles. A su derecha se sienta Chico Marx, en el papel de EL BANCO, y a su izquierda Harpo Marx, en el papel de EL PUEBLO. Lleva una casa de juguete en la mano.
EL GOBIERNO: La situación es muy mala, señores.
EL PUEBLO: Moooc (hace sonar la bocina).
EL BANCO: Malísima. Si hasta me he quedado corto de fondos…
EL GOBIERNO: ¿Ah, sí? Uy, eso puede ser muy peligroso para la economía…
EL BANCO: Peligrosísimo.
EL GOBIERNO: Vamos a ver si lo solucionamos pronto… (Se hurga en los bolsillos, saca unos billetes; los cuenta y se dirige a EL PUEBLO) ¿Usted qué tiene?
EL PUEBLO: (Cara de asombro, gesto de que está tieso)
EL GOBIERNO: Venga, venga, haga un esfuerzo, que hay que solucionar esto pronto. Que la situación es muy mala…
EL BANCO: Malísima. Ya le digo.
EL Pueblo se hurga los bolsillos y saca unos billetes. Se los entrega al gobierno, que se los entrega al banco.
EL GOBIERNO: ¿Con esto evitamos el peligro?
EL BANCO: (cuenta el dinero y se los guarda en su bolsillo, con cara de satisfacción) Sobre todo, el peligro de que yo me quede sin dinero.
EL GOBIERNO: Bueno, como decía: la situación es muy mala.
EL PUEBLO: (gesto de que sí, mucho; resopla de desesperación y hace sonar la bocina)
EL BANCO: Malísima. Ya le digo.
El GOBIERNO: Necesitamos dinero (da la vuelta a sus bolsillos para mostrar que están vacíos).
EL PUEBLO: (da la vuelta a sus bolsillos para mostrar que también están vacíos).
EL GOBIERNO: (al Banco) Necesitamos un préstamo ¿Puede usted prestarnos algo?
EL BANCO: (cuenta el dinero que tiene en el bolsillo. Separa una parte) Hum… Verá, yo se lo prestaría, pero es que es usted muy poco solvente. Como no tiene dinero…
EL GOBIERNO: ¿Si yo tuviera dinero usted me lo prestaría?
EL BANCO: Claro, sin problemas.
EL GOBIERNO: Pero si tuviera dinero ¿para qué iba a pedírselo? ¿Es que cree que soy tonto?
El BANCO: Pues sí…
EL GOBIERNO: Vaya, me tiene calado.
EL BANCO: Bueno, verá. Como soy buena persona, le voy a prestar algo. Pero a cambio me tiene que hacer un favor.
EL GOBIERNO: ¿Qué favor?
EL BANCO: Casarse con mi prima.
EL GOBIERNO: Seguro que es fea. Siempre me toca bailar con la más fea.
EL BANCO: Más que fea, es gorda.
EL GOBIERNO: ¿Muy gorda?
EL BANCO: Lo normal, dadas las circunstancias.
EL GOBIERNO: En fin… qué remedio. Me casaré con su prima. ¡Que pase la prima! ¡Suenen las fanfarrias!
Entra ANGELA (LA PRIMA DE RIESGO)
ANGELA: Ich habe Hunger. Ich habe Hunger.
EL GOBIERNO: ¡Santo cielo! ¿Gorda, dice usted? (Se hace un catalejo con un papel de encima de la mesa) ¡Por allá resopla! ¡A los botes! ¡Preparen los arpones!
ANGELA: Ich habe Hunger. Ich habe Hunger. Essen Essen Essen. (lo va repitiendo de vez en cuando)
El pueblo blande la bocina como si fuera un arpón, y hace ademán de arponear a Ángela.
EL GOBIERNO: (Al pueblo) Quieto, no me seas perroflauta. ¡A tu rincón! ¡A tu rincón!
EL PUEBLO: Moooc (toca la bocina)
EL GOBIERNO: Ahora ya sé qué causó la destrucción de Haití. Fue esta, que se sentó encima. No es que esté gorda, es que parece que se haya comido a Grecia entera.
EL BANCO: Es que se la ha comido.
ANGELA: Spanisch faul. Faul, faul, faul.
EL GOBIERNO: ¿Y ahora qué dice?
EL BANCO: Que es usted un vago. Pero no se lo tome a mal.
EL GOBIERNO: Tampoco me atrevería, no sea que me haga lo que a Grecia sin ponerme salsa. Pero ¿Por qué no debo tomármelo a mal?
EL BANCO: Porque eso se lo dice a todo el mundo: a los italianos, a los irlandeses, a los griegos, a los rumanos, a los portugueses, a los latinoamericanos, a los turcos, a los africanos, a los inmigrantes sin papeles, a los trabajadores en paro... Es que ella es así.
EL GOBIERNO: Encantadora ¿muerde?
EL BANCO: Sólo si tiene hambre.
EL GOBIERNO: ¿Y ahora tiene hambre?
EL BANCO: Siempre tiene hambre.
EL GOBIERNO: ¿Y cómo se llama la criaturita?
EL BANCO: Ángela.
EL GOBIERNO: Oh, Ángela, Ángela. La amo ¿Tiene usted mucho dinero? Quiere casarse conmigo? Conteste a la primera pregunta. Pero qué digo... si no me caso, no me prestan el dinero. Vale, me caso. Venga el dinero.
Angela se sube a la espalda del gobierno, y le da pescozones de vez en cuando mientras repite su letanía.
ANGELA: Ich habe Hunger. Ich habe Hunger. Essen Essen Essen.
EL BANCO: Aquí tiene el dinero (se lo da) pero luego me lo devuelve, ¿eh?
EL GOBIERNO: Por supuesto. No faltaba más.
EL BANCO: Con un interés justo.
EL GOBIERNO: Es lo justo.
EL BANCO: Y ocúpese de alimentar a la prima. Piense en sus deberes conyugales.
EL GOBIERNO: Mejor no, o tendré pesadillas. Usted (al Pueblo) ¿no tiene algo para dar de comer a la fiera?
El Pueblo busca en sus bolsillos y se saca de la gabardina un bocadillo, que Ángela le arrebata se pone a devorar con fruición.
EL GOBIERNO: Gracias. Ahora aguántemela un poco (Pasa a Ángela de sus hombros a los del pueblo, y vuelve a sentarse tras su mesa). A ver. Por dónde iba… Ah, sí. La situación es muy mala, señores.
EL PUEBLO: Moooc (toca la bocina)
EL BANCO: Malísima. Con decirle que me he vuelto a quedar corto de fondos…
EL GOBIERNO: ¿Ah, sí? Uy, eso puede ser muy peligroso para la economía…
EL BANCO: Peligrosísimo.
EL GOBIERNO: (Saca el dinero del bolsillo donde lo había guardado antes, y se lo devuelve al banco. Éste lo cuenta y se lo guarda en su propio bolsillo).
EL GOBIERNO: Bueno, como decía: la situación es muy mala.
EL PUEBLO: Moooc (toca la bocina)
EL BANCO: Malísima. Ya le digo.
El GOBIERNO: Estamos más tiesos que la mojama. Necesitamos dinero como sea (da la vuelta a sus bolsillos para mostrar que están vacíos).
EL PUEBLO: (da la vuelta a sus bolsillos para mostrar que también están vacíos).
EL GOBIERNO: (al Banco) ¿Puede usted hacerme un préstamo?
EL BANCO: ¿Quién, yo?
EL GOBIERNO: Sí, usted. Por favor. Si no es mucha molestia.
El BANCO: ¿Y por qué yo?
EL GOBIERNO: Porque usted se dedica a eso, a prestar dinero. Y porque usted tiene dinero, y yo no.
EL BANCO: ¿Y cómo sabe usted que tengo dinero?
 EL GOBIERNO: Porque acabo de dárselo.
EL BANCO: (Cuenta el dinero que tiene en el bolsillo. Separa una parte) Hum… Verá, yo se lo prestaría, pero es que es usted muy poco solvente. Como no tiene dinero…
EL GOBIERNO: Es curioso, pero me imaginaba que iba a decir usted eso…En fin, a ver qué le puedo dar como garantía... (Rebusca en los bolsillos y saca un poco de calderilla; se vuelve hacia el pueblo) ¿Y usted no tiene nada?
El Pueblo hace que no con la cabeza. Saca otro bocadillo del bolsillo, Ángela, que está entre ambos dándoles collejas alternativamente y de vez en cuando, se lo arrebata y se lo come.
ANGELA: Fütter mich. Spanisch faul. Essen Essen Essen.
EL GOBIERNO: ¿Cómo que no? Pues lo siento pollo, pero va a tener usted que hacer unos cuantos sacrificios. Y es mi obligación obligarle a hacerlos, por su propio bien. Piense que estamos todos en el mismo barco y hay que salir de esta crisis como sea. Así que, venga, aflojando.
El Pueblo se saca un plátano de un bolsillo, pero Ángela se lo arrebata y se lo come. El Pueblo, suspirando resignado, se quita las botas y los pantalones y se los pasa al gobierno, que se las muestra al banco.
ANGELA: Fütter mich. Spanisch faul. Essen Essen Essen.
EL GOBIERNO: Vea usted, somos un país solvente, ofrecemos garantías.
EL BANCO: Bueno… como soy buena persona, le voy a prestar algo. Aquí tiene (le da dinero) pero luego me lo devuelve, ¿eh?
EL GOBIERNO: Por supuesto. No faltaba más.
EL BANCO: Con un interés justo.
EL GOBIERNO: justo justísimo.
EL BANCO: Y alimente a la prima, que la veo un poco flaca.
EL GOBIERNO: ¿Ah, sí? Pues no sé si recomendarle que se compre gafas o que se compre un perro lazarillo. En fin… ¿por dónde iba? Ah, sí… La situación es muy mala, señores.
EL PUEBLO: Moooc (hace sonar la bocina).
EL BANCO: Malísima. Si hasta me he vuelto a quedar corto de fondos…
EL GOBIERNO: ¿Otra vez?
EL BANCO: Es que tuve que hacerle un préstamo a un insolvente… mire usted qué mierda de garantía me dio, mire (muestra las botas y los pantalones del pueblo).
EL GOBIERNO: Ya, ya, me hago cargo. Bueno, pues eso puede ser muy peligroso para la economía…
EL BANCO: Peligrosísimo.
EL GOBIERNO: (Saca el dinero del bolsillo donde lo había guardado antes, y se lo devuelve al banco. Éste lo cuenta y se lo guarda en su propio bolsillo).
ANGELA: Essen!! Essen!! Essen!! (empieza a comerse los papeles de encima de la mesa, el puro del Gobierno, y hasta muerde la misma mesa).
EL GOBIERNO: ¿Y ahora qué le pasa a la gorda?
EL BANCO: Lo de siempre. Que hay que alimentarla.
EL GOBIERNO: Pero si ya se lo ha comido todo.
EL BANCO: Algo quedará por ahí...
EL GOBIERNO: Pues no sé... que le roa las canillas a ese pollo. Usted (al Pueblo) déjese roer las canillas, es una orden.
Ángela se abalanza sobre El Pueblo para roerle las piernas. El pueblo se resiste con grandes aspavientos y dando muchos bocinazos.
EL PUEBLO: Mooooc, mooooc, moooooc, mooooc (bocinazos)
EL GOBIERNO: Y no proteste tanto, no me sea perroflauta.
EL BANCO: Cara de perro sí tiene. Pero eso, más que una flauta, parece una bocina.
EL GOBIERNO: Eso es una flauta. Lo ha dicho el diario El Mundo, el diario La Razón, Intereconomía y el ABC. Y usted no querrá llevarle la contraria al Mundo, a La Razón, a Intereconomía y al ABC ¿verdad?
EL BANCO: Nooo, al contrario, al contrario. Estoy muy bien relacionado con ellos.
EL GOBIERNO: ¿Qué tipo de relación tienen?
EL BANCO: La mejor posible: me deben dinero.
EL GOBIERNO: Me lo imaginaba. En fin. Vuelvo a estar sin blanca ¿Me presta usted algo para comprarle  una salchicha o algo a la gorda? Tampoco es cuestión de que se me coma al perroflauta entero. A quién iba yo a gobernar si no.
EL BANCO: (Cuenta el dinero que tiene en el bolsillo. Separa una parte) Hum… Verá, yo se lo prestaría, pero es que es usted muy poco solvente. Como no tiene dinero…
EL GOBIERNO: Si a esa letra le ponemos música, seguro que será un éxito, porque no para usted de tararearla. En fin... (al Pueblo) Usted, pollo, hay que seguir haciendo sacrificios por el bien de todos. Así que aflojando. Es una orden.
El Pueblo se desembaraza de la gabardina, la chistera, la camisa y la corbata, quedándose en calzoncillos. El Gobierno muestra la ropa al Banco.
EL GOBIERNO: Como ya le dije, somos un país solvente y ofrecemos garantías.
EL BANCO: Bueno… como soy buena persona, le voy a prestar algo. Aquí tiene (le da dinero) pero luego me lo devuelve, ¿eh?
EL GOBIERNO: Por supuestísimo.
EL BANCO: Con un interés justo.
EL GOBIERNO: justísimo.
EL BANCO: Y la prima…
EL GOBIERNO: Más gorda que nunca. Que no le falte nada a la prima. Ahora mismo le compro un saco de pienso (muestra el dinero que le acaba de dar el Banco).
EL BANCO: Y dos huevos duros.
EL GOBIERNO: Y dos huevos duros.
El  PUEBLO: Moc (hace sonar la bocina)
EL GOBIERNO: Tres huevos duros. No, no hay presupuesto para tres huevos duros. Porque la situación es muy mala, señores.
EL PUEBLO: Moooc (hace sonar la bocina).
EL BANCO: Malísima. Terrible. Como que otra vez me he vuelto a quedar corto de fondos…
EL GOBIERNO: (suspira) Ya, ya. Y por supuesto, eso puede ser muy peligroso para la economía…
EL BANCO: Peligrosísimo.
El Gobierno le devuelve el dinero al Banco, que se lo guarda en el bolsillo.
EL GOBIERNO: Tenga, buen hombre, y no se lo gaste todo en el mismo sitio.
EL PUEBLO: Moooc, moooc, mooooc, moooc (insistentes bocinazos; con pantomima indica al Banco que quiere entregarle la casita de juguete)
EL BANCO: ¿Y éste que quiere ahora?
El GOBIERNO: Dice que no puede devolverle el dinero que le prestó para comprar la casita. Que en su lugar le devuelve la casita que compró con el dinero.
EL BANCO: Ah, no. Esa casa no vale ni la mitad de lo que le presté.
EL GOBIERNO: Bueno, usted le prestó el valor de una casita, y él le da una casita. Es lo justo, ¿no?
EL BANCO: No, para nada.
EL GOBIERNO: Es curioso, a mí me había parecido justo. Claro que usted sabe mucho más de economía que yo: es evidente, ya que me ha desplumado tres veces. Tendré que fiarme de su palabra. Pero ¿Por qué no es justo?
EL BANCO: Porque así no gano dinero. Y es muy injusto que yo no pueda ganar dinero.
EL GOBIERNO: Es una gran injusticia, sí. Más que eso: es inconcebible. Es algo contra natura. El fin de la civilización ¡El apocalipsis!
EL BANCO: Haremos una cosa. Yo me quedo con la casita, pero el tipo este me sigue debiendo el dinero que vale. Eso sí es justo ¿no? (coge la casita).
EL GOBIERNO: Pues no sé, si usted lo dice… pero dado que el pollo ya está casi en porretas y más dinero no va a poder sacarle ¿por qué no hace usted un gesto de buena voluntad y le perdona la deuda a cambio de la casa? ¿Eh? ¿Por favor, por favor, por favor?
EL BANCO: Ah, pero… ¿de verdad no tiene más dinero?
El GOBIERNO: No lo creo. Que él ganara dinero sería un milagro mayor que el que usted lo perdiera.
EL BANCO: Bueno… como soy buena persona, me lo voy a pensar. Y a lo mejor hasta lo hago. Bueno, a lo mejor. Ya veremos. Depende.
EL PUEBLO: (bocinazos iracundos)
EL BANCO: ¿Y ahora qué quiere?
EL GOBIERNO: Dice que por qué no se lo ordeno, como a él, en vez de pedírselo con tantos miramientos. Y no sé qué de un barco en el que vamos todos y de sacrificios que hay que hacer por el bien común. El bien común, dice. Qué gracioso ¿verdad?
EL BANCO: Sí, me parto. Es lo más gracioso que he oído en mi vida.
El Banco y el Gobierno se ríen a carcajadas.
EL GOBIERNO: Y ahora que somos tan amigos, que nos hemos reído tanto, que vuelvo a estar sin blanca y que la gorda vuelve a estar hambrienta, ¿me prestaría usted algo de dinero?
EL BANCO: (Cuenta el dinero que tiene en el bolsillo. Separa una parte) Hum… Verá, yo se lo prestaría…
EL BANCO Y EL GOBIERNO: (al unísono)… Pero es que es usted muy poco solvente. Como no tiene dinero…
EL GOBIERNO: No se hable más. (al pueblo) Pollo, hay que seguir haciendo sacrificios por el bien.. el bien...
EL PUEBLO: Mooc (toca la bocina)
EL GOBIERNO: Eso mismo, el bien común. Hágalo. Es una orden.
El Pueblo se quita la ropa interior y se queda completamente desnudo. El Gobierno le da su ropa interior al Banco.
EL GOBIERNO: Como ve, somos un país solvente y dispuesto a hacer todos los sacrificios que haga falta para pagar nuestras deudas.
Cae el telón.
El público le prende fuego al teatro.
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