miércoles, 28 de septiembre de 2011

Un monumento para Alessio Rastiani


Expresaba ayer aquí mis sospechas de impostura sobre la persona de Alessio Rastiani. Parece que mis sospechas eran infundadas: Alessio Rastiani es, más o menos, quien dice ser:  The Yes Men han desmentido que tenga nada que ver con ellos. La BBC también ha salido al paso de los rumores, arguyendo que habían hecho los deberes antes de llamarle a declarar como experto en uno de sus programas. Démosle un voto de confianza a la antigua fama de rigor de que goza la BBC.
El mismo Rastiani, haciendo gala de la brutal sinceridad que le caracteriza, ha reconocido que es una persona que “busca notoriedad”, y que no mintió, pero quizá jugó un poco al equívoco de los sobreentendidos con su currículum: técnicamente es un trader de la City londinense, pero ni está inscrito en ningún lado ni trabaja para nadie: vaya, que en realidad es un tipo que juega en bolsa con su propio dinero.  Tanto mejor: si Alessio exageraciones aparte) es quien dice ser, sus declaraciones tienen mucho más valor.
Durante este corto espacio de tiempo, la indignación que sus declaraciones han despertado ha subido como la proverbial espuma en las redes sociales. Indignación que, en su mayor parte, dispara sus dardos contra la persona de Alessio, lo que me parece que es errar el objetivo. Porque, en realidad, Alessio nos ha hecho un gran, un enorme favor. Alessio se ha atrevido a levantar el dedo, señalar al emperador y decir en voz alta que está desnudo. En voz lo suficientemente alta y por los canales adecuados (el medio es el mensaje, desde luego: McLuhan no podía haber acertado más) como para que nadie pueda ignorar haberlo oído. Por ello, Alessio Rastiani es mi héroe. Algún día, si conseguimos domeñar los mercados y recortar el poder del Gran Dinero en nuestro sistema democrático, tendremos que levantarle un monumento a Alessio Rastiani, y ponerle su nombre a una calle. O a varias. En agradecimiento. Porque si conseguimos eso, habrá sido en buena parte gracias a él. Gracias a que un día, en un programa de la BBC, con su pinta de figurante de un remake de Wall Street (the movie),  levantó el dedo y dijo en voz alta lo que todo el mundo sabía y muchos se empeñaban en ignorar: que el emperador está en calzoncillos.
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