viernes, 30 de septiembre de 2011

Vaya una mierda de milagro












































Ocurrió el pasado día 30, en Madrid. Un hombre entró en una iglesia del barrio de Pinar de Chamartín poco antes de la misa de ocho. Sacó una pistola y disparó a bocajarro a una mujer embarazada de seis meses que allí había. Se acercó al altar, disparó contra otra mujer que encontró por el camino; se arrodilló ante la imagen del Cristo y se suicidó de un tiro en la boca.
Y eso es todo. No hay nadie a quien ni nada a lo que poder echarle la culpa, pues el hecho no va mucho más allá de ser una triste tragedia sin más motivo que la insensatez de un enajenado. Porque el asesino suicida no tenía ninguna relación con sus víctimas. Simplemente, tuvieron la mala suerte de estar allí en aquel momento. El único, mínimo, consuelo es que los servicios médicos de urgencia llegaron pronto al lugar de los hechos y, mediante una cesárea de urgencia in situ, lograron extraer vivo el feto del vientre de la madre muerta. Parece que sobrevivirá. Parece que también lo hará la otra mujer, también gracias a la habilidad y la profesionalidad de los sanitarios del SAMUR.
El hecho fue noticia de portada del diario ABC. A toda portada, como pueden ver. Con una foto que remite inmediatamente a la iconografía y la composición de las pinturas religiosas de El Greco. Todo lo cual, siendo ABC un diario madrileño, tiene su lógica. Menos la tiene el titular que le han puesto: “Milagro en Madrid” y el pie de foto: Un feto sobrevive al asesinato de su madre en el interior de una iglesia. El homicida, que disparó también a otra mujer, se suicidó después” Así que el mérito no corresponde a los esforzados sanitarios del SAMUR, sino a ese Cristo de madera que desde su cruz de madera observó, con la absoluta indiferencia con que suelen observar las cosas los leños de madera muerta, cómo aquel loco descerebrado mataba de un tiro a la madre del niño milagrosamente salvado, luego a otra mujer y finalmente, a sus pies y a su mayor gloria, a sí mismo. Se me ocurre a mí que, de existir un dios y de poder éste hacer milagros (cosas ambas que hace mucho tiempo ya que me parecen indudablemente falsas) puestos a hacer uno, podría haber encasquillado el arma del chiflado, con lo que no hubiera podido matar a nadie, salvándose así las vidas del nonato, de su madre, de aquella señora que casualmente estaba ahí y hasta la del propio enajenado. Es lo que hubiera hecho yo, de ser ostentar la titularidad del cargo de Sumo Hacedor en vez de quien lo ostenta actualmente, si es que lo ostenta alguien; cosa que, al parecer, los editorialistas del ABC no dudan. Y además lo toman por estúpido, porque para hacer semejante chapuza de milagro hay que ser estúpido. O para titular semejante tragedia con semejante titular. Un titular bobo y beato.
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