jueves, 12 de septiembre de 2019

Mujer en el espejo contemplando el desastre



         —Debería hacerme un retoque así—dijo María ante el espejo, mientras se estiraba la piel por detrás de las orejas, convirtiendo su rostro en una máscara tan tersa e inexpresiva como la de Michael Myers, el asesino de las películas de la saga Halloween.
—No, no deberías—dije yo. No me atraía nada la perspectiva de besar a Michael Myers en los labios de goma.
—Nada muy radical. Lo justo para hacer desaparecer las líneas nasogenianas y las patas de gallo.
—Pero a mí me gustan tus patas de gallo. Y tus líneas nasogenianas. Sea eso lo que coño sea.
María se giró para mirarme como si, de pronto, se hubiera dado cuenta, con cierto disgusto, de mi presencia en la habitación.

miércoles, 7 de agosto de 2019

La gaviota de hace un millón de años


La biblioteca tiene tres plantas. En la de arriba, las mesas con enchufes para los portátiles están situadas junto a un amplio ventanal desde el que se ve la plaza de Lesseps, con sus árboles y sus parterres, más allá de un muy extenso y sinuoso tejadillo de zinc del que el arquitecto-estrella que diseñó el edificio debe estar muy orgulloso, pero que, debido precisamente a su diseño, necesita ser limpiado por expertos en escalada suspendidos de cuerdas (y, en consecuencia, no se limpia nunca, porque bastante agobiada de presupuesto va la biblioteca con los gastos ordinarios como para, encima, tener que contratar expertos en escalada con ganas de limpiar mierda). En ese tejadillo ha instalado su cuartel general una gaviota tan grande como un perro carlino, cuya mirada expresa todo el mal carácter habitual en los malencarados depredadores de su especie.

sábado, 3 de agosto de 2019

Hitler en la biblioteca


Hoy, en la biblioteca, he ido a sentarme a la sección de biografías, sólo porque allí hay dos sofás muy cómodos, al lado de un ventanal. Al poco, en el de enfrente se ha sentado un tipo vestido con unos bermudas muy feos, una camiseta sin mangas también muy fea, el cráneo afeitado y una cara que no te gustaría encontrar en un callejón oscuro, ni en uno iluminado. En la comisura de la boca apretaba un cigarrillo de plástico, de esos que antes decían que servían para dejar de fumar, aunque más que nada servían para hacer el canelo. En uno de los brazos que emergían del pingajo de camiseta sin mangas se había hecho tatuar el símbolo taoísta del ying y el yang, pero resultaba evidente que aquel trabajo tan tosco no provenía de ningún salón de tatuajes; recordaba más a los que te hacen en la Legión, o en la cárcel.

sábado, 9 de febrero de 2019

Unos huesos, una rubia boba y un burro a caballo


Mi abuelo, uno de los dos, empezó la guerra como soldado de un ejército y la acabó como soldado del otro. Mi otro abuelo ni siquiera tomó las armas; cuando empezó la guerra era funcionario de la administración de justicia de la República, y cuando la acabó se encontró con que era funcionario de la administración de justicia del Glorioso Movimiento; así, sin moverse del despacho, y estampando los mismos formularios con los mismos sellos de goma.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Cuento de Navidad

Jossou estaba harto de malvivir trabajando como carpintero en su pequeño pueblo de las cercanías de Dakkar. Además, Mariama, su joven esposa, estaba embarazada.  A sus cincuenta años, Jossou iba a verse de nuevo responsable de la manutención de un niño pequeño.
Ya había pasado por eso, pero entonces era más joven. De los tres hijos que había tenido con su anterior esposa uno había muerto de cólera antes de cumplir veinte años; el otro vivía en la ciudad, y tenía su propia familia, de cuyo bienestar preocuparse. El tercero, una niña, no había sobrevivido al parto. Ni ella ni su madre. Poco era, pues, lo que retenía a Jossou. Tomó entonces una determinación, y aquella misma noche se la comunicó a Mariama.
—Iremos a Europa, a buscar trabajo. Un amigo me ha dado el nombre de un marroquí que puede hacernos pasar el Estrecho.

domingo, 7 de octubre de 2018

Banksy no es un provocador


Ya habrán visto el vídeo: en la prestigiosa casa de subastas Sotheby’s una obra de Banksy (“niña con globo”) alcanzó en la puja 1.400.000 dólares, pero en cuanto el subastador declamó el formulario “going, going, gone” (“se va, se va, se fue”, equivalente al mucho más anodino “a la una, a las dos, a las tres, adjudicado” que se usa en español) la pintura, en efecto, se fue: un destructor de documentos oculto en el marco la convirtió en confeti, ante el pasmo, la diversión y los teléfonos móviles inevitablemente enhiestos de la concurrencia. Otra provocación de Banksy, el artista gamberro, comentarán al día siguiente los medios, alborozados por poder publicar un titular (y un vídeo) tan clickbait.

domingo, 9 de septiembre de 2018

La Diada de la Marmota

de centro-derecha a extrema derecha: el President Mas, el President Puigdemont y el President Torra brindando con ratafia por la Diada y el referéndum.

Ya está aquí la Diada de nuevo. Y con ese motivo pensaba colgar en las redes una estrofa de La mala reputación, esa canción de Georges Brassens que tanto hace arrugar la nariz a nacionalistas, patriotas y otras gentes serias, formales y de bien: “En la fiesta nacional yo me quedo en la cama igual/que la música militar nunca me supo levantar/en el mundo pues no hay mayor pecado/ que el de no seguir al abanderado”. Pero no lo voy a hacer, porque ya lo hice el año pasado, y el anterior. Sí, me repito mucho. Más que el ajo, o la Diada. Porque hace como cuatro años que la Diada parece el día de la marmota. Coño, hace ya como cuatro años que parece que Cataluña entera viva en el día de la Marmota. 

viernes, 20 de octubre de 2017

El gallego y el gabacho

Las fotos de las cumbres internacionales de líderes políticos suelen parecer robadas, pero la mayoría son más posadas que las del catálogo de lencería de Victoria's Secret. Todos esos líderes con pinta de charlar casual y coleguilmente por los pasillos o los jardines... cuando la mayoría no dicen ni media sin su traductor oficial. Esta foto, por ejemplo: No me consta que Macron, además de inglés, hable español, pero más le vale, porque me consta que Rajoy es el único idioma que sabe, y cuando le oigo hablar del pueblo que elige al alcalde, o viceversa, o de su partido que está condenado pero no imputado, o de lo mucho españoles que son los españoles, me inclino a pensar que ni siquiera.

viernes, 18 de agosto de 2017

Reflexiones en torno al atentado en Barcelona

Esto hoy ha pasado en mi ciudad, como mañana puede pasar en la tuya. Hoy ha sido Barcelona, sí. Antes fueron Nueva York, Alepo, Charlottesville, Madrid, París, Maiduguri, Londres, Kabul, Bagdad, Al Raqa, Quetta, Beirut, Mogadiscio, Mosul, Niza, Berlín, Estocolmo… Hace tiempo que estamos en guerra. Y el otro bando, esta nueva forma de terrorismo, no tiene territorio, ni proyecto. Son nihilistas, buscan la destrucción de la civilización por la destrucción misma. Y han encontrado la forma ideal de actuar: sin una organización articulada a la que poder atacar, sin necesidades de financiación. Son células autónomas que actúan cada una por su cuenta y con lo que cualquiera puede tener a mano: un automóvil, cuchillos de cocina. Un nuevo atentado siempre es posible.  Hoy fue al lado de mi casa, mañana será al lado de la tuya. Es así.

miércoles, 12 de julio de 2017

Patadas a un perro muerto

El proceso soberanista catalán está condenado al fracaso, porque no se dan las condiciones objetivas necesarias para su éxito. Que son, básicamente, tres, y detallaré más adelante.  Por falta de ellas, el procés es un perro muerto al que tertulianos, columnistas  y políticos del soberanismo catalán insisten en fingir que oyen ladrar, lo cual parece un poco idiota pero es comprensible, y al que tertulianos, columnistas y políticos de la derecha española insisten en seguir pegando patadas, lo cual parece un poco idiota, punto (aunque quizá sea más una cuestión de mala fe que de idiotez).

jueves, 4 de mayo de 2017

Lluis Llach, de L'estaca al estacazo

Mi interés por la nova —ahora vellacançó duro algo más que lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks, pero no mucho más. Sentí por ella  el interés lógico que podía sentir cualquier adolescente catalán durante los años setenta, pero éste se apagó en cuanto descubrí el rock; de pronto, Lou Reed, David Bowie, The Clash, Joy Division o Jim Morrison se me revelaron como mucho más interesantes que todos aquellos cantautores de pantalón de pana,  rasgueos de guitarra viuda y versificación previsible; y los bulliciosos chicos y las glamourosas chicas de la entonces recién estrenada movida madrileña (que incluía a los barceloneses Loquillo y los Trogloditas y Los Rebeldes) se me revelaron como muchísimo más divertidos.

martes, 28 de febrero de 2017

Bocados de realidad

Por el océano de las letras norteamericanas nada, cual ballena blanca, el mito de la GNA, la Gran Novela Americana, ese artefacto para captar literariamente el alma (americana) de una época al que innumerables Ahabs, desde Mark Twain hasta Jonathan Franzen (y más allá) han intentado arponear con mayor o menor éxito. Pero la literatura norteamericana no sólo dispone de esos grandes artefactos para captar literariamente el alma (americana) de una época; sus escritores se han mostrado también muy duchos en captarla mediante artefactos mucho más pequeños y funcionales, no ya grandes ballenas blancas, o rojas, o azules, sino flexibles bancos de pequeños peces. Pues la norteamericana es también, o sobre todo, una tradición literaria de narraciones breves. Mucho más que la francesa, por ejemplo, o sin duda la española, donde cuesta Dios y ayuda convencer a un editor para que te publique un volumen de relatos; los editores españoles viven instalados en la idea fija de que eso no vende.