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miércoles, 16 de junio de 2010

El latido de la ciudad

Yo solía notarlo. De noche, tumbado en la cama, ni dormido ni totalmente despierto, notaba el pulso de la gran ciudad, su latido. Pero no me refiero al rumor del tráfico ni al retumbar del metro (que, de todas formas, no oía nunca: vivía en una calle silenciosa, céntrica pero apartada de las grandes arterias urbanas). No; ese pulso, ese latido, no es perceptible con ninguno de los cinco sentidos convencionales.

viernes, 28 de mayo de 2010

Mis locos vecinos

El piso era viejo, muy viejo, y estaba bastante estropeado: las tuberías del agua ostentaban muñones mutilados en donde debería haber un calentador, habían arrancado y se habían llevado el interfono del portero electrónico y la roseta de entrada del teléfono. En mitad de una de las habitaciones habían hundido Dios sabe cómo (¿dejando caer desde mucha altura una bola de bolos, quizás?) las baldosas del suelo, formando un notable agujero.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Café del Sol

Se llama Café del Sol, pero sólo abre de noche. Está en la Plaza del Sol, una plaza eminentemente noctámbula.

Fuente de La Virreina

La muchacha de bronce de la fuente de la Plaza de la Virreina tiene un secreto admirador que le regala flores. O quizá más de uno. El caso es que desde hace tiempo, la muchacha de bronce siempre tiene un ramillete de flores frescas en la mano. A veces se ven un poco mustias, pero pronto son sustituidas por flores nuevas: unas veces rosas, otras claveles, otras jazmines, margaritas, begonias... su secreto admirador no parece tener preferencias marcadas en cuanto a flores. O quizá, si es que son varios, cada uno se decanta por un tipo diferente de flor.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Plaza de la Revolución

Hay una rayuela de cerámica en la plaza de la Revolución (dos, en realidad).
Rayuela y Revolución unidos: podría pasar por un homenaje a Cortázar. Pero en realidad sirve para que jueguen los críos, que es para lo mejor que puede servir. Seguro que Cortázar lo habría preferido así.
En tiempos, en el centro de la plaza había un parvulario. El pupitre en el que me sentaba debía estar, más o menos, donde ahora está esa rayuela sobre la que juegan los críos, ignorantes, como yo entonces, de que bajo nuestros pies infantiles se escondían las galerías subterráneas de un gran refugio antiaéreo construido cuando la guerra civil. Y ahí sigue, todavía.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Patios traseros



Éste es un barrio de casas viejas y calles estrechas, rodeado por todas partes de grandes arterias urbanas. Pero lo que no saben los que no habitan en él es que tras esas casas viejas y esas calles estrechas florecen, ocultos a la vista vulgar del turista ansioso de tipismo, estos reductos privados, íntimos, estos oasis domésticos de paz bucólica habitados por gatos y geranios donde los pájaros se pueden dar el lujo de piar y los humanos se pueden dar el lujo de sentarse a leer, beber, escribir, conversar, comer o sestear disfrutando del rumor de la brisa entre las hojas de los árboles, como si no estuvieran en el centro de la bulliciosa metrópoli.
Por la parte de atrás de todas las casas de Gracia se abre el panorama a un paisaje de patios floridos y jardines secretos que suaviza el alma y conforta el espíritu.

jueves, 22 de enero de 2009

Plaza del Gato Pérez

Distante en el recuerdo, perdido en la memoria,
guarda un ritmo la especie que siempre es natural,
que es grato su recuerdo, sincero y espontáneo,
ruido de cuero y caños, sabor de barrio.
(Gato Pérez)

viernes, 28 de noviembre de 2008

Carrer del Perill


'Carrer del Perill' o sea, calle del peligro. Se llama así de verdad. Lo juro.

miércoles, 26 de noviembre de 2008