sábado, 5 de septiembre de 2026

 


Acabo de poner, por fin, la palabra “Fin” en el fin(al) del manuscrito de la novela que he estado escribiendo estos últimos años. Han sido varios años de escritura, sí, con muchos parones, abandonos y recuperaciones, pero el proyecto lo tenía planteado desde hace décadas. Desde que, en 1994, siendo yo un joven gacetillero que escribía en un periódico local, tuve la oportunidad de entrevistar a cierto amable y lúcido anciano, que era un superviviente de Mauthausen. Esa es, a la vez, la más extraña, la más estremecedora, la mejor y la peor de todas las entrevistas que he hecho en mi carrera profesional como periodista. Fue entonces cuando me hice una promesa a mí mismo, que ahora, tantos años después, acabo de cumplir: un día escribiría una novela sobre los españoles en Mauthausen.

Ahora, por fin, he cumplido con esa promesa que me hice a mí mismo. Pero el protagonista que he elegido no es aquel amable y lúcido anciano, sino alguien a quien no conocí nunca en persona: el caballero de la foto. Que sí, era español. Y catalán. Y barcelonés.  Que sí, qué pasa, ya entonces había españoles afrodescendientes; de hecho, siempre los ha habido; de hecho, todos lo somos un poco. O de dónde crees que venían los íberos que colonizaron la Península Ibérica, nuestros principales ancestros. 

Ha sido un parto difícil, no lo voy a negar; nunca me ha gustado menos escribir lo que estaba escribiendo. Pero debía cumplir con mi promesa. Ahora queda lo fácil, unos días de repaso y reescritura. Y después le entregaré el manuscrito a mi agente, y que se las apañe para encontrar editor. Yo ya he cumplido.

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