sábado, 24 de diciembre de 2011

El día que murió Manuel Azaña

Era noviembre de 1940. El año anterior había acabado la guerra en España, y había empezado en el resto de Europa. Los oficiales de las SS ya se paseaban por los bulevares de París y se hacían fotos junto a la Torre Eiffel. En Vichy, un viejo mariscal condecorado durante la Primera Guerra Mundial llamado Pétain dirigía desde una habitación de hotel el gobierno de la llamada Francia libre: la franja sur, no ocupada (al menos, no directamente) por las tropas alemanas. En realidad, Pétain hacía lo que le ordenaban desde Berlín, y por la Francia supuestamente libre se paseaban las SS con la misma libertad con que se paseaban por los bulevares de París, y lo mismo hacían los contingentes de falangistas que Franco tenía a bien enviar para atrapar exiliados españoles de relumbrón y devolverlos a España, donde podría fusilarlos adecuadamente. La pieza más apreciada en esa caza era Manuel Azaña, el segundo (y último) presidente electo de la República Española.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Lucía contra los trolls


Se le ocurrió a Lucía Etxebarría anunciar en Facebook que dejaba de escribir (“una temporada muy larga”, dijo, lo que expresa una dimensión temporal relativa; así que hay que creérsela relativamente) novelas, porque, argumenta, con tanto pirateo no le sale rentable. Pensé: ella sabrá. Uno escribe o deja de escribir cuándo, cómo y por los motivos que le dé a uno la gana. Y si un trabajo no te sale rentable, lo más sensato es dedicarse a otra cosa. Pero en vaya avispero ha ido a meter Lucía el palo, porque una buena parte de la comunidad internetera ha reaccionado ante el anuncio como ofendidísimos y enfadadísimos, cual ayatolás ante una caricatura de Mahoma enseñando el culo. Y no porque les moleste que Lucía deje de escribir, no, sino porque ose —oh anatema—echar la culpa de ello a la piratería informática.

martes, 20 de diciembre de 2011

El cine ha muerto


Soy el tipo de adicto que tiene que chutarse una película en vena al menos una vez a la semana. Chutada como Dios manda, o sea, en una sala de cine. Un DVD en el reproductor de casa puede ser un sustituto aceptable, en la misma forma en que la metadona puede ser un sustituto aceptable de la heroína. Si alguna vez has hecho una cura de desintoxicación a base de metadona sabrás qué quiero decir. Y si nunca la has hecho, puedes usar tu imaginación.

martes, 6 de diciembre de 2011

Por la candidatura de Mortadelo a la Real Academia

La Real Academia Española es una institución algo polvorienta cuyo principal cometido es elaborar un diccionario que sería muy útil si existiera la máquina del tiempo y pudiéramos usarla para ir a comprar la edición de dentro de veinte años, porque más o menos ese es el tiempo que suele llevar de retraso respecto al estado actual del idioma; y más o menos por eso Julio Cortázar solía llamar a tal diccionario “El cementerio”, porque era donde se daba sepultura a las palabras muertas. Aunque hay que reconocer que en los últimos años la centenaria institución ha hecho un gran esfuerzo de actualización: antes el décalage del diccionario institucional podía llegar a los cuarenta años o más.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

De por qué Leo Coyote no es un escritor importante

El mago Félix (izquierda) y Leo Coyote (derecha)
Las diferencias entre la presentación del libro de un escritor importante y la presentación del libro de uno que no lo es son varias, aunque ni la calidad del libro ni la del escritor forman parte de ellas. Porque un gran escritor no se diferencia de uno que no lo es por lo bien que escribe (en ambos grupos hay escritores buenos, regulares, malos y pestilentes) sino por lo mucho que vende; y porque sale por la tele. De hecho, con frecuencia, el gran escritor vende tanto porque sale por la tele: la gente que ve mucho la tele, a lo que parece, compra muchos libros; aunque luego no los leen, claro, porque con tanto ver la tele no les queda tiempo.

martes, 8 de noviembre de 2011

And the winner is… Martín Caparrós



O sea, que por la noche se reunió la tribu en un restaurante muy chic, muy exclusivo y muy mono  (aunque quizá un poco demasiado pequeño para la capacidad de convocatoria del acto) de la parte alta de Barcelona (en Barcelona la parte alta es tanto un concepto geográfico como de status económico-social) para asistir a la entrega del XXIX Premio Herralde de Novela, ese que lleva el nombre del gran jefazo de Editorial Anagrama y la susodicha convoca, normalmente para promocionar autores de la casa. Claro que eso lo hacen todas; o para qué otra cosa piensan que utiliza Planeta el premio ídem. Y, en el fondo, qué otra cosa es el premio Herralde sino un premio Planeta en pequeñito, más radical chic y con mayor coartada cultural (y menos, mucha menos dotación monetaria, por supuesto; que nosotros somos artistas, y no estamos en esto por el vil metal).

viernes, 21 de octubre de 2011

La doble naturaleza de los supervillanos

Ayer fue un gran día. ETA se rindió. A Gadaffi le pegaron un tiro. Y unos cuantos hijos de puta siguen sentándose en sus poltronas de los consejos de administración de los grandes bancos y las grandes sociedades de inversión, desde donde siguen enriqueciendo su patrimonio gracias a los azares de esa crisis global que ellos mismos han provocado y que está empobreciendo cada vez más al resto de la población mundial: el 99%.  Así que ayer no fue tan gran día después de todo: sólo fue otro día más en el infierno, con los mismos diablos desarrollando las mismas rutinas. Y ésos si que no se van a rendir. Y nadie ha tenido huevos, no ya para pegarles un tiro; ni siquiera para sentarles en un banquillo.
Ya nos hemos librado de los supervillanos de opereta, tipo el Ku Klux Klan con boina o el dictador disfrazado de Drag Queen ¿Cuándo nos libraremos de los supervillanos de verdad?

miércoles, 19 de octubre de 2011

El planeta de los SMS (Planet of the Apps)


Cuando empecé a ejercer de periodista, recién estrenada la última década del pasado siglo, ya existían los teléfonos móviles, pero poca gente los usaba aún; en parte, porque eran unos cacharros enormes y enormemente incómodos, y en parte porque también eran enormemente caros: un producto de ostentación para ejecutivos agresivos y otros exhibicionistas del estatus, que presumían de su móvil en las discotecas como presumían de su deportivo en la carretera o de su polla en los vestuarios. Recuerdo que para eso, para presumir, una empresa italiana fabricaba unos teléfonos móviles falsos: de teléfono sólo tenían el aspecto y el timbre, que podías programar para que sonara en el momento adecuado, para poder hacer el paripé simulando que recibías una llamada. Venía a ser la versión telefónica del calcetín enrollado dentro de los calzoncillos.

sábado, 15 de octubre de 2011

15 de octubre en Barcelona


 Me queda la duda de que haber salido a la calle hoy vaya a servir para algo. Pero tengo la absoluta certeza de que haberse quedado en casa no habría servido para nada en absoluto. Así que, qué carajo.

jueves, 6 de octubre de 2011

Los trabajos del santo Jobs

Hacía algún tiempo que planeaba escribir algo que explorara las  jocosas afinidades religiosas de ese culto secular a los productos de Apple que en parte ha surgido espontáneamente y en parte ha sido cuidadosamente diseñado mediante astutas campañas de márketing que explotaban el carisma algo (bueno, en realidad bastante) mesiánico de Steve Jobs.

miércoles, 5 de octubre de 2011

No pongas tus sucias manos sobre Borges


El apropiacionismo fue uno de tantos ismos que, al calor de la posmodernidad (eso de lo que todo el mundo habla y nadie sabe muy bien en qué consiste) tuvieron su eclosión y efímera vida (cual hongo tras la lluvia) en el campo del arte durante los años ochenta. En esencia, la cosa consistía en copiar obras de artistas consagrados, servilmente o introduciendo pequeñas modificaciones (mucho más pequeñas que los bigotes que Marcel Duchamp, precursor del apropiacionismo, le pintó a la Mona Lisa). Este ismo lo practicaron artistas como Sherrie Levine, Louise Lawler, Allan McCollum, Fred Wilson o Martin Prada, entre otros. En su momento no llamó demasiado la atención; los ismos cada vez la llaman menos. Quizá porque, después de que al mismo Duchamp se le ocurriera poner su firma en un urinario volteado y llamarlo escultura, (Sherrie Levine se apropió de esta obra, también) el arte adoptó como tema y objeto de reflexión al arte mismo, en vez de al ser humano y su circunstancia, como tradicionalmente, convirtiéndose así en un juego autorreferencial intrascendente, que divierte a unos pocos diletantes. Y aburre a los demás, que dejan de prestarle atención, bien porque  suena a tomadura de pelo (y quién sabe, quizá lo sea) bien porque  suena a chiste demasiadas veces repetido (y ya tenía poca gracia cuando Duchamp lo contó por primera vez).

lunes, 3 de octubre de 2011

Juana de Arco en Brooklyn


Foto: Stephanie Keith, AP

En la literalidad de esta imagen se lee esto: una manifestante de Occupy Wall Street (una de tantas) es arrestada (como tantos) en la encerrona que les montó la policía de Nueva York sobre el puente de Brooklyn. Pero, ay, las imágenes a veces tienen otras lecturas más allá de la literalidad, y a veces esas lecturas se elevan sobre la literalidad hasta cubrirla con su sombra inmensa, como cubre la tierra la sombra del ave que se eleva hacia el sol. Son lecturas que resultan no de lo que la imagen muestra, sino de lo que la imagen expresa. Son lecturas condicionadas por años, siglos de cultura iconográfica estampados, superpuestos (como en un palimpsesto) sobre la retina del lector.